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Esta enfermedad es propia de personas añosas,
mayores de 60 años, y la frecuencia de la misma
aumenta con la edad. En los países occidentales es
la leucemia más frecuente entre la
población de adultos y su origen hasta el momento
se desconoce, aunque algunos especialistas
sostienen la presencia de una predisposición
genética para que la enfermedad pueda
desarrollarse. Esta teoría se basa en el hallazgo
de alteraciones en los cromosomas 12, 13
o 14, en la región donde precisamente
se localizan los genes que codifican la
formación de una parte de las
inmunoglobulinas.
En el momento de confirmación del diagnóstico el
25% de los pacientes se encuentran en el estadío
0, el 50% en los estadíos 1 y 2 y el 25% restante
en los estadíos 3 y 4. Generalmente el paciente
acude a la consulta por fiebre, pérdida de peso
y del apetito, junto con sudoración
nocturna y la presencia de ganglios aumentados
de tamaño. El cuadro también se acompaña de
crecimiento del bazo y del hígado
fácilmente palpables en el exámen físico y
habitualmente indoloros.
En otros pacientes la enfermedad evoluciona de
manera asintomática y al realizarse un
análisis de sangre se detecta un aumento de
linfocitos de aspecto maduro pero sin la
capacidad de poder funcionar adecuadamente. Estas
células tienen la misión de intervenir en la
inmunidad por medio de la producción de
anticuerpos y constituyen una defensa contra
posibles infecciones. En la leucemia
linfocítica crónica los linfocitos en
desarrollo no maduran correctamente y se
multiplican en número elevado, suelen tener
aspecto normal pero no pueden combatir una
infección eficazmente. Con el transcurso del
tiempo los linfocitos se reproducen cada vez más y
surgen los primeros síntomas.
Esta alteración de la inmunidad tiene como
consecuencia un mayor desarrollo de infecciones
y de otras neoplasias. Además de los
estudios de sangre habituales y la realización de
una ecografía abdominal para confirmar el aumento
del hígado y del bazo, al ser una enfermedad de
la médula ósea, es apropiado la evaluación de
la misma por medio de una punción biopsia.
Este procedimiento consiste en insertar una aguja
en un hueso y extraer una cantidad pequeña de
médula ósea.
En general la evolución de la enfermedad es
lenta, con una sobrevida en ciertos casos de 20
años. Se divide a la enfermedad por etapas para
poder planificar cual es el tratamiento más
adecuado.
En el estadío 0 sólo se hallan
linfocitos aumentados en la sangre y en médula
ósea.
En el estadío 1 existe un exceso de
linfocitos en sangre y los ganglios linfáticos
se encuentran aumentados de tamaño. El hígado y el
bazo tienen un tamaño normal.
En el estadío 2 además de la presencia de
linfocitos en cantidad elevada existen ganglios
aumentados de tamaño y fácilmente palpables.
Además el hígado y el bazo se encuentran
aumentados de tamaño.
En el estadío 3 existe un aumento de
linfocitos y anemia.
En el estadío 4 la elevación de linfocitos
se acompaña de un descenso importante de
plaquetas lo que ocasiona trastornos
hemorrágicos que pueden llevar a la muerte.
La supervivencia media es de 14 años para el grupo
en el estadío 0, 8 años para el estadío 2 y 3, y 4
años para la estadío 4. Esta enfermedad no es
curable, se presenta generalmente en ancianos
y su evolución es lenta, por lo cual la conducta
frente al tratamiento es más bien conservadora.
Muchos estudios han demostrado que el inicio de
una terapéutica agresiva inicial no mejora
la supervivencia con respecto a una terapia más
tardía.
Generalmente se intenta controlar con una
observación periódica tratando las
complicaciones infecciosas o las
hemorragias. Otras opciones de tratamiento
abarcan desde el uso de glucocorticoides,
quimioterapia, radioterapia o el
transplante de médula ósea.Las complicaciones
infecciosas durante la enfermedad avanzada son
consecuencia de una disminución de las
inmunoglobulinas y es habitual la aparición de
herpes zoster en estos
pacientes.
Se realiza quimioterapia cuando surgen
síntomas que definen a la enfermedad como
activa: la presencia de pérdida de peso,
fiebre sin identificación de un foco claro
de infección, anemia o descenso del número
de plaquetas, la presencia de un bazo muy
aumentado de tamaño o de grandes ganglios.
Los glucocorticoides pueden desencadenar en
algunos ancianos algunos trastornos
psiquiátricos.
El transplante de médula ósea es un
procedimiento que reemplaza la médula ósea enferma
con médula sana. Se considera esta opción cuando
los pacientes son jóvenes, pero no se la
encuentra apropiada en los ancianos. El
objetivo primordial en esta enfermedad es el
control de las posibles infecciones y sangrados
que pueden llegar a presentarse durante la
evolución ya que el buen manejo de las mismas
puede mejorar la calidad de vida del enfermo.
Dra. Adriana Messina
Especialista en Clínica Médica y Nutrición
Equipo médico de SaludUno.com
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