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Durante el período previo a un trasplante, el
estado nutricional del paciente puede afectar
el resultado de la cirugía y la mortalidad. Se
debe realizar una valoración nutricional previa al
transplante, ya que estos pacientes tienen
mayor riesgo de malnutrición por cuadros de
anorexia , vómitos mayor pérdida de
nutrientes en algunos enfermos en diálisis,
por padecer cuadros de diarrea, etc.
El principal objetivo del tratamiento dietético se
basa en tratar que el enfermo reciba los
nutrientes de la manera más apropiada posible
y con las calorías necesarias para poder llegar a
la intervención con un peso aceptable.
En ciertos casos el enfermo puede hallarse
comprometido desde el punto de vista nutricional
tanto antes como después del transplante y es
aconsejable en estas situaciones suministrar un
suplemento vitamínico Inmediatamente
postrasplante, las necesidades nutricionales
dependen del estado nutricional previo, del órgano
o tejido que fue transplantado, si se encuentra
inmunocomprometido, infectado, etc.
Algunos enfermos luego del procedimiento realizado
se encuentran con respiradores artificiales,
otros padecen un cuadro infeccioso que
requerirá alimentación por sonda nasogástrica o
vía endovenosa. Cuando una persona recibe un
transplante se somete a un tratamiento
inmunosupresor cuya finalidad es evitar el
rechazo del órgano transplantado. Si recibe
corticoides puede presentar retención de
líquidos, aumento del apetito y del peso, aumento
de la glucemia, pérdida de calcio. Generalmente se
le suministra también azatioprina,
un fármaco supresor de la inmunidad cuyos efectos
adversos son las náuseas, vómitos, diarrea, anemia
y un mayor riesgo de infección.
Cuando se llega al máximo nivel de inmunosupresión
se indica una dieta de baja carga bacteriana,
que consiste en evitar los alimentos que pueden
contener algunas bacterias, preparación de
alimentos en forma higiénica, descartar aquellos
alimentos contaminados como huevos crudos,
carne poco cocida, pescados y mariscos. El
objetivo de esta dieta es colaborar con la
descontaminación intestinal para prevenir
infecciones.
En la etapa de postransplante tardío cada tipo de
transplante requiere una dieta particular
de acuerdo al órgano injertado. Es común que el
paciente presente un importante incremento de
peso, en parte por los corticoides que
estimulan el apetito, y por la falta de actividad
física. Otros intentan normalizar el peso que se
encontraba bajo previo al transplante.
Siempre se aconseja una dieta sin sal para
la mayoría de los pacientes, restricción de los
hidratos de carbono simples para evitar un
aumento de peso excesivo y la hipertrigliceridemia
consecuente. Para evitar la depleción
de proteínas por el organismo (dado el gran
consumo de las mismas por el stress post
trasplante y la medicación), se debe indicar una
adecuada ingesta de proteínas en la dieta.
Las grasas se limitan a menos de un 30% del
total de las calorías y también el contenido de
colesterol . Siempre es de buena
práctica controlar los niveles de calcio, fósforo
y potasio en sangre para evaluar los aportes que
requiere la persona.
Es importante que el enfermo realice ejercicio
antes y luego del transplante de acuerdo a las
posibilidades de cada persona en particular. Los
efectos positivos del ejercicio incluyen el
control de peso, conserva la densidad ósea y la
función cardiovascular.
En ciertos casos cuando el transplante se realiza
en un paciente adolescente puede desarrollarse un
cuadro de anorexia o bulimia y de esta
manera se dificulta recuperar el peso previo a la
cirugía. Por esta razón en este grupo de pacientes
es fundamental realizar una terapia de apoyo
junto con la familia del transplantado.
Dra. Adriana Messina
Especialista en Clínica Médica y Nutrición
Equipo médico de SaludUno.com
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