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Experimentos en
ratones revelan que las anfetaminas, incluida la
droga conocida como Ecstasy, pueden revertir
algunos de los síntomas de la enfermedad de
Parkinson.
Sin embargo, los
investigadores advierten que sus hallazgos no
significan que los pacientes de Parkinson deban
automedicarse con anfetaminas. Lo que los
hallazgos sí sugieren es que medicamentos
similares podrían ser útiles cuando se
administran conjuntamente con las terapias
actuales, tales como la L-DOPA.
El informe aparece en la edición de agosto de
PLoS Biology.
"Tenemos una hipótesis nueva e intrigante que
tiene que ver con un nuevo sistema que controla
los movimientos ante la ausencia de dopamina",
dijo el investigador principal Marc G. Caron,
profesor de biología celular del Centro Médico
de la Universidad de Duke.
La dopamina es un químico que envía mensajes del
cerebro hacia otras células para ayudar a
controlar el movimiento, y está parcialmente
ausente en personas con Parkinson. El uso de la
L-DOPA como sustituto de la dopamina es el sello
distintivo del tratamiento del Parkinson. Aunque
la L-DOPA resulta efectiva, está asociada con
efectos secundarios que son a veces severos y
con una reducción progresiva de la efectividad.
El equipo de Caron utilizó ratones que no podían
reciclar o producir la dopamina. En vista de que
estos ratones carecían de dopamina, presentaban
síntomas de la enfermedad de Parkinson. Los
síntomas tenían una duración de hasta 16 horas.
Los síntomas incluían descoordinación motora,
rigidez y temblores. Sin embargo, cuando se
administró L-DOPA a los ratones, los síntomas
del Parkinson desaparecieron.
Cuando el grupo de Caron aplicó a estos ratones
altas dosis de derivados de anfetaminas tales
como metanfetamina y MDMA, conocido como
Ecstasy, los síntomas del Parkinson fueron
revertidos parcialmente. "Los ratones
recuperaron una gran parte de su movilidad
normal", destacó Caron.
Además, los investigadores hallaron que las
bajas dosis de anfetaminas, cuando eran
combinadas con dosis bajas de L-DOPA, también
revertieron los síntomas del Parkinson. "Los
medicamentos son cinegéticos", explicó Caron.
"Cuando se administraban de forma conjunta, los
ratones recuperaban sus movimientos normales".
A pesar de estos hallazgos, Caron no recomienda
las anfetaminas como tratamiento del Parkinson.
"Somos cautos, porque las anfetaminas son
controversiales", enfatizó Caron. "No queremos
fomentar la idea de que los pacientes de
Parkinson deban salir a la calle a buscar
anfetaminas".
El equipo de Caron está buscando otros
compuestos que afecten al movimiento pero sin
los efectos psicoactivos de las anfetaminas, y
que puedan ser usados en combinación con la
L-DOPA para tratar la enfermedad de Parkinson.
"Se trata de una idea nueva", expresó Caron.
"¿Pero quién sabe? El tiempo lo dirá".
Otro experto en Parkinson no considera que el
uso de estos ratones sea la vía para hallar
nuevas formas para tratar la enfermedad. "En
este caso, el mismo hecho de que su modelo sea
agudo lo hace que sea distinto a la enfermedad
de Parkinson, que es crónica", dijo Michael J.
Zigmond, codirector del Centro para la
Neurociencia en la Facultad de Medicina de la
Universidad de Pittsburgh.
"Más bien, lo que el campo necesita no es muchos
nuevos medicamentos para revertir los síntomas
de la pérdida de dopamina, sino medicamentos que
no causen la disquinesia asociada con el
tratamiento crónico o que sean neuroprotectores
en vez de que sólo procuren el tratamiento
sintomático. El modelo de los autores no será
útil para evaluar ninguno de estos dos tipos de
medicamento", consideró Zigmond.
Zigmond cree que la dirección futura de los
tratamientos del Parkinson estará en el
desarrollo de medicamentos que inhiban la
habilidad de proteínas defectuosas para
desarrollarse en las células. "Muchas de las
enfermedades degenerativas son causadas por una
acumulación de proteínas anormales, que
estrangulan las células hasta su muerte",
señaló. Es igualmente cierto para la enfermedad
de Alzheimer, la enfermedad de Huntington y ELA,
anotó Zigmond.
El Parkinson es mucho más complicado que simples
trastornos motores, que son sus síntomas obvios,
agregó Zigmond. "Ahora nos damos cuenta que
tenemos que aprender más de lo que pensábamos
hace cinco años", destacó. "Comprender la
enfermedad de Parkinson se hace cada vez más
complicado".
Casi 500,000 estadounidenses sufren de
Parkinson, de acuerdo con el National Institute
of Neurological Disorders and Stroke, y 50,000
son diagnosticados cada año. Además de los
temblores, movimientos lentos o rigidez, la
progresión de la enfermedad también conduce a
discapacidades severas en la función cognitiva.
Fuente: PloS Biology |