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Se trata de una terapia experimentada por
científicos norteamericanos, publicado por la
revista Nautre Medicine. Requiere una cirugía
cerebral
El progreso de la enfermedad de Alzheimer podría
ser retrasado mediante una terapia genética
experimentada por especialistas de EEUU, según
un estudio preliminar publicado en la revista "Nature
Medicine".
Los especialistas autores del estudio, realizado
en un reducido grupo de pacientes de esta
enfermedad que produce una pérdida progresiva de
la memoria, dijeron que la terapia genética
arrojó alentadores resultados.
No obstante, informaron de que el resultado del
estudio es muy preliminar y es necesario llevar
a cabo mayor número de pruebas sobre ese
tratamiento, en el que se requiere una forma
especial de cirugía de cerebro.
Durante su investigación, introdujeron en los
cerebro de los ocho pacientes tratados una
"sustancia protectora" conocida como "factores
de crecimiento", a fin de rescatar algunas
células cerebrales moribundas.
En uno de los pacientes los tejidos del cerebro
mostraron un crecimiento nuevo de células.
El médico Mark Tuszynski, de la Universidad de
California, en San Diego, que encabezó las
investigaciones, indicó que la terapia ensayada
no cura la enfermedad que actualmente afecta al
menos a 4,5 millones de estadounidenses.
Explicó que esa cura no puede ocurrir porque la
enfermedad de Alzheimer destruye diferentes
tipos de células en diversas áreas del cerebro,
y la nueva terapia genética solo es útil para
una de esas áreas.
Tuszynski manifestó que el éxito preliminar da
esperanzas del posible uso de esta terapia en
mitigar otras dolencias neurodegenerativas como
el mal de Parkinson.
Dio a conocer que durante el estudio se tomaron
células de la piel de ocho pacientes que tenían
la enfermedad en la primera etapa y modificaron
el gen que secreta una proteína hallada en los
cerebros saludables que es conocida como "nervio
del factor de crecimiento" o NGF.
Las primeras investigaciones mostraron que
inyectando NGF en cerebros de monos envejecidos
se puede revertir el deterioro de las células.
Posteriormente, los especialistas implantaron
NGF en una de las partes del cerebro afectadas
por la enfermedad de Alzheimer en los pacientes
que participaron del experimento.
Seis de los ocho pacientes que fueron
supervisados durante casi dos años mostraron un
lento declive cognoscitivo de entre el 36 y 51
por ciento después del implante.
Tuszynski señaló que los primeros dos pacientes
se mantuvieron despiertos y en movimiento
durante el implante de las células, lo que les
causó hemorragia cerebral. Uno de esas personas
falleció cinco semanas después.
A los pacientes restantes se les aplicó
anestesia general para colocarles las células en
el cerebro, y entonces no hubo efectos
secundarios.
Fuente: Infobae
www.infobae.com |