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Un deterioro de la memoria que no cumpla
criterios de demencia puede alertar de la
presencia de un deterioro cognitivo leve, un
cuadro clínico con entidad propia que requiere
seguimiento y control.
La pérdida de memoria nunca debe asumirse como
una consecuencia normal del envejecimiento y
debe ser consultada con el médico. Así lo ha
recalcado Pedro Gil, geriatra del Hospital
Clínico San Carlos, de Madrid, durante la V
Reunión de Demencias en Geriatría, organizada en
Almería por el Grupo de Demencias de la Sociedad
Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
El experto ha insistido en la necesidad de
sensibilizar a la población para que acuda al
médico ante cualquier alteración de sus
facultades cognitivas, pues el diagnóstico y
seguimiento del deterioro cognitivo leve ayuda a
evitar males mayores, como la evolución a
demencia.
Precisamente el deterioro cognitivo leve ha sido
el tema que ha centrado el encuentro de Almería.
Este cuadro se sitúa a medio camino entre el
envejecimiento normal y el anciano con demencia,
pero tiene una entidad propia.
"Son personas que sufren una pérdida de memoria,
pero que no cumplen los criterios de demencia",
ha aclarado Humberto Kessel, geriatra del
Hospital Torrecárdenas, de Almería.
Aparte de la pérdida de capacidad memorística,
el deterioro cognitivo leve se caracteriza por
la presencia de trastornos funcionales,
psicológicos y conductuales, como el olvido de
actividades instrumentales o avanzadas (manejo
del teléfono, tareas laborales o lúdicas,
habilidades sociales o deportivas, etc.).
Hipertensión, hiperlipemia, presencia del
genotipo apoE4 y edad avanzada son otros de los
síntomas que pueden conducir al diagnóstico de
esta entidad.
Evolución a demencia
Dependiendo de los criterios empleados, la
evolución a demencia es mayor o menor. Algunas
series estiman que entre el 5 y el 10 por ciento
de las personas con deterioro cognitivo leve
progresan a demencia anualmente, "lo que supone
que un 40-50 por ciento lo ha hecho a los cinco
años. Otros estudios más alarmistas elevan el
porcentaje al 75 o incluso cien por cien".
Ante este baile de cifras, Gil ha insistido en
la necesidad de precisar los criterios
diagnósticos del deterioro cognitivo leve,
"sobre todo para saber qué pacientes tienen
riesgo de evolucionar a demencia y cuáles se
estabilizarán o mejorarán".
El tratamiento es otra área que requiere
precisarse. "De momento no disponemos de ninguna
terapia aprobada, aunque hay ensayos en marcha
con inhibidores de la acetilcolinesterasa,
antioxidantes y antiinflamatorios", ha apuntado
Gil.
Hoy por hoy los pacientes son sometidos a un
estrecho seguimiento cada seis meses para que,
en el caso de que evolucionen a demencia, el
tratamiento se inicie lo antes posible. En
cuanto a terapias psicológicas, como la
estimulación cognitiva son útiles y aplicables,
aunque es difícil cuantificar en qué grado".
Fuente: Diario Médico
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