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La pérdida de conexiones sinápticas en el
cerebro, un proceso propio del envejecimiento,
reduce las facultades sensoriales y cognitivas.
La línea de investigación de Alberto Ferrús, del
Instituto Cajal, del CSIC, persigue su
restablecimiento.
El deterioro de facultades sensoriales y
cognitivas con la edad se asocia a la pérdida de
las conexiones sinápticas, un fenómeno que
aparece con el envejecimiento. Por el momento,
los científicos sólo pueden hacer
recomendaciones generales para mantener la
actividad del cerebro, mientras que no se
conozcan a fondo los mecanismos moleculares que
intervienen en la sinapsis, una línea de
investigación en la que trabaja Alberto Ferrús,
profesor de investigación del Instituto Cajal
del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC), que ha recogido en Albacete
el premio Personalidad Sanitaria del Año,
otorgado por Vissum-Instituto Oftalmológico de
Albacete.
La principal conclusión de su trabajo es que el
número de sinapsis está muy controlado y cuando
aumenta se mejora "la sensibilidad en la
percepción sensorial". Por el contrario, la
pérdida de sensibilidad en la percepción supone
una reducción en el número de sinapsis.
La mosca Drosophila es el modelo en el que
Ferrús trata de aclarar cómo la información
genética da forma a ciertas estructuras del
sistema nervioso que determinan el
comportamiento.
Su objetivo es estudiar las proteínas necesarias
para que la sinapsis se construya; en concreto,
está empeñado en encontrar los mecanismos
moleculares y manipularlos para poder controlar
el número de sinapsis. Una vez conseguido esto,
someten a la Drosophila modificada a pruebas de
comportamiento con el fin de deducir qué ha
cambiado en su conducta cuando se modifica el
número de sinapsis. De igual forma, hacen la
operación a la inversa, "sometiendo a los
animales a una habituación con determinado
estímulo y observando en zonas concretas del
cerebro qué ha ocurrido con el número de
sinapsis".
En el sistema experimental de la mosca, según ha
argumentado Ferrús, la sinapsis cambia con una
velocidad muy rápida. "Si el sistema olfativo de
la mosca huele un determinado aroma, crea una
habituación que reducirá el número de sinapsis;
por el contrario, si desde dentro de la célula
provocamos el desarreglo en la expresión de un
determinado gen que conocemos, se eleva el
número de contactos sinápticos que estas células
hacen y entonces ese individuo muestra un cambio
en el comportamiento. De esta forma, podemos
hacer que sea más activo en su actividad
locomotora".
Modificar los niveles
El siguiente paso en esta investigación es
encontrar la forma de modificar esos niveles de
proteínas concretos para hacer que neuronas
viejas puedan ser restauradas. "Hay buenas
esperanzas, pero hace falta paciencia", ha
corroborado Ferrús.
Sobre la aplicación práctica de esta línea de
trabajo se muestra cauteloso. "Las moléculas
sobre las que estamos trabajando están
conservadas en los humanos, pero hay unos
problemas que resolver antes de aumentar el
número de sinapsis de un paciente". La forma de
administración es uno de ellos.
Además, no todas las neuronas requieren
cantidades altas de uno u otro producto. Hay que
escoger y averiguar para qué comportamiento o
qué tipo de neuronas, "porque está comprobado
que con la misma senectud no se pierden sinapsis
por igual en todo el cerebro; hay centros donde
se pierden más que en otros".
También hay que ver qué tipos de sinapsis:
excitadoras o inhibidoras. En la corteza
central, lo que más se pierden son las de tipo
excitador. "Las inhibidoras no parece que se
hayan perdido tanto, por lo que habrá que
discriminar para escoger dónde, qué tipo y
cuándo hacer esa operación".
Fuente: Diario Médico
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