Notas:
La ubiquilina-1 mutada es otra causa genética del Alzheimer
  

Un estudio que se publica hoy en The New England Journal of Medicine muestra que las mutaciones en la ubiquilina-1 en el cromosoma 22 favorecen la aparición tardía del Alzheimer. Este hallazgo facilitará la elaboración de pautas preventivas y de mejores terapias.

El equipo de Lars Bertram del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas del Hospital General de Massachusetts, en Boston, ha identificado una nueva variante que puede elevar el riesgo de enfermedad de Alzheimer de aparición tardía, según un estudio que se publica hoy en The New England Journal of Medicine. Los cambios específicos en el gen de la ubiquilina-1 en el cromosoma 22 se asocian con un aumento de la incidencia de Alzheimer en dos muestras de población amplias. El descubrimiento puede mejorar el entendimiento de los mecanismos de la enfermedad y convertirse en un nuevo objetivo para desarrollar estrategias preventivas y tratamientos.
El citado equipo ha estudiado diferentes variaciones en la secuencia de ubiquilina-1 y de otros dos genes candidatos localizados cerca del cromosoma 9. Ya se han determinado más de 160 mutaciones en los tres genes (app, psen1 y psen2) que producen enfermedad de Alzheimer familiar de inicio precoz.
Para llevar a cabo el estudio, se utilizó una técnica denominada análisis familiar de asociación genética para evaluar 19 cambios de secuencia en esos tres genes, buscando las alteraciones que con más frecuencia aparecen en los pacientes con Alzheimer. Después del primer cribaje de las familias, los investigadores se centraron en un grupo de 217 pares de gemelos. Los resultados confirmaron que los cambios en esa secuencia de la ubiquilina-1 aparecen con más frecuencia en individuos con Alzheimer que en los gemelos que no han desarrollado la enfermedad.

Variantes
Se estudió el tejido cerebral de pacientes con Alzheimer y de controles para ver si identificaban los cambios en las variantes genéticas en la producción de ubiquilina-1. En ambos grupos, las mismas variantes genéticas elevaban el riesgo de Alzheimer, lo que favorecía un aumento de la producción de una forma más corta de la ubiquilina-1, una sobreproducción que era mucho más pronunciada en los pacientes.
Se necesita entender qué es lo que está mal cuando existe una sobreproducción de ubiquilina-1 y cuándo aparecen esas formas diferentes. "Necesitamos saber cómo interactúa esta variante con la presenilina y cómo afecta a la producción de beta-amiloide".
El equipo de Bertram estima que el aumento en el riesgo que acompaña esas variantes genéticas de la ubiquilina-1 es menor de la mitad que el que confiere la ApoE-4. Los autores del trabajo creen que aún existen entre 4 y 7 variantes genéticas más que confieren niveles de riesgo similar.
No obstante, Thomas D. Bird, de la Universidad de Washington, en un editorial que también se publica hoy en The New England Journal of Medicine, dice que el papel que tiene los factores ambientales no pueden ignorarse.
Está claro que la mayor parte de las enfermedades están causadas por una combinación de factores genéticos y ambientales.
La clave es conocer exactamente en enfermedades tan complejas como el Alzheimer los factores más influyentes y la importancia relativa, sin olvidar las interacciones entre ambos factores, puesto que facilitará una mejor prevención y tratamiento de la enfermedad neurodegenerativa.

Fuente: Diario Médico
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