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Médicos, pacientes e, incluso, la población
general se están enfrentando a un alto estado de
confusión respecto a la seguridad cardiovascular
de las medicinas para la artrosis
PATRICIA MATEY
Médicos, pacientes e, incluso, la población
general se están enfrentando a un alto estado de
confusión respecto a la seguridad cardiovascular
de las medicinas para la artrosis. La afirmación
de Eric Topol, de la Fundación Clínica Cleveland,
en Ohio (EEUU), en un editorial que sale a la luz
en la última edición de la revista "The Journal of
American Medical Association (JAMA)," refleja una
realidad que ha vuelto a enturbiarse tras el
anuncio público de la agencia estadounidense de
medicamentos (FDA) de que los especialistas
sopesen muy bien la prescripción de dos modernos
antiinflamatorios conocidos como "coxibs" (Celebrex
y Bextra, este último de dispensación
hospitalaria) e, incluso, de otros productos
antiinflamatorios más clásicos, como el naproxeno.
Las razones de esta recomendación se basan en los
estudios que han relacionado estos productos con
un aumento del riesgo de padecer un infarto de
miocardio, un accidente cerebrovascular u otros
problemas cardiacos severos. Lo que empezó el 30
de septiembre de 2004 con la retirada precipitada
del mercado del inhibidor de la Cox-2 fabricado
por MSD (Vioxx), debido a que su uso duplicaba el
riesgo de enfermedad coronaria, podría tener su
fin en febrero de este año. Para esta fecha está
prevista una reunión en Washington (EEUU) con un
comité de expertos que discutirá todos los
beneficios y riesgos del consumo de los Cox-2 y
otros productos antiinflamatorios.
En nuestro país, la Sociedad Española de
Reumatología (SER) está llevando a cabo un trámite
similar. Su presidente, Javier Tornero, lo
explica: «Estamos realizando una revisión
independiente de todo lo que se ha publicado sobre
la seguridad de los "coxibs", porque tenemos un
gran interés en que se aclare todo». A los
consejos emitidos por las autoridades sanitarias
del otro lado del Atlántico sobre el uso de
antiinflamatorios no esteroideos o AINE (seguir
cuidadosamente las instrucciones del prospecto, no
exceder la dosis de 220 miligramos diarios o no
consumirlos durante más de 10 días, entre otras),
se suma la decisión de los responsables sanitarios
alemanes de que los enfermos de artrosis con
factores de riesgo cardiovascular suspendan el
consumo de Celebrex, (de Pfizer) debido a los
resultados obtenidos en un estudio sobre
prevención de tumores de colon con dicho
medicamento, en el que se constató que los
pacientes que lo consumían tenían 2,5 veces más de
riesgo de sufrir un evento cardiovascular que los
que tomaban un placebo (sustancia inactiva).
Pero los expertos españoles llaman a la calma. «Lo
más importante es que no se saquen las cosas de
quicio. Yo creo que la alarma es lógica, pero
llevamos más de un siglo consumiendo
antiinflamatorios. Qué pasa, ¿nos hemos estado
envenenando todo este tiempo? Lo importante es
alertar del uso racional de estos productos,
seleccionar cuidadosamente a los pacientes y
añadir a la ficha técnica de los productos todas
las advertencias necesarias sobre su seguridad y
uso», aclara el presidente de la SER. A la
pregunta de si a los pacientes españoles se les
sigue recetando un Cox-2 o naproxeno, este
especialista responde con un sí. «Los
antiinflamatorios son la terapia de la
sintomatología de la artrosis. Tenemos una guía de
práctica clínica que nos advierte de cómo usar
estos productos. Lo lógico es empezar con
paracetamol, pero si no se alivia al paciente
habrá que darle otras cosas sopesando siempre,
como en cualquier otra terapia, los beneficios y
los riesgos. Hay que ir con calma y esperar a que
se confirmen los resultados. Si eliminamos, sin
hacer una evaluación serena basada en la evidencia
científica, todos estos productos, ¿con qué
tratamos a los enfermos?», añade Tornero. Santos
Yuste, presidente de la Liga Reumatológica
Española (LIRE), aporta la visión de los
pacientes: «Se habían depositado muchas
expectativas en los "coxibs" y los datos han
sembrado cierta incertidumbre, pero los médicos
han debido explicar muy bien las cosas a los
enfermos porque esperábamos más llamadas y no han
sido tantas. Nos preocupa el tema, pero creo que
es importante hacer un llamamiento a la calma. Los
medios de comunicación tienen que informar, pero
ellos han vivido el tema de forma más alarmante»,
dice. Eric Topol va más allá y se plantea el papel
en que ha quedado la FDA, en relación con la
aprobación y control de estos productos. «Éste es
un duro precedente en la historia de la agencia».
Pero para este investigador, el aspecto que más se
debería tener en cuenta es «que la combinación de
la promoción para el público de una medicina que
se desconoce y que se sospecha de su seguridad no
se puede tolerar en un futuro».
Fuente: Diario El Mundo (España)
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