|
- La Fundación María Wolf, en colaboración con
varios centros públicos y privados de Madrid, ha
llevado a cabo un estudio que evalúa los efectos
de la estimulación cognitiva y motora en 84
enfermos de Alzheimer con deterioro cognitivo
ligero, la demencia ligera y primera fase de la
demencia moderada, durante un periodo de un año.
- La estimulación mejora a largo plazo la
afectividad, la conducta y la calidad de vida de
los pacientes de Alzheimer en fases iniciales.
- Los pacientes con un bajo nivel de escolaridad
tuvieron una mejoría cognitiva especialmente
notoria ante el programa de estimulación lo que,
según los investigadores, podría deberse a que
conservan una mayor reserva cognitiva, frente a
los pacientes con un alto nivel de escolaridad,
que han utilizado de forma espontánea recursos
cognitivos para compensar las pérdidas producidas
por la enfermedad de Alzheimer.
- En España más de 600.000 personas padecen la
enfermedad de Alzheimer y se prevé que las
enfermedades neurológicas sigan creciendo en los
próximos 50 años debido al envejecimiento de la
población.
Los enfermos de Alzheimer en fases iniciales deben
recibir estimulación cognitiva y motora como
terapia de primera línea. Es una de las
conclusiones a las que ha llegado un grupo de
neurólogos, geriatras y psiquiatras de distintos
centros públicos de España (Madrid y Barcelona) y
Estados Unidos (Nueva York), en un estudio
dirigido por la Fundación María Wolf realizado con
84 pacientes en los estadios 3, 4 y 5 de la escala
de Reisberg, que equivalen al deterioro cognitivo
ligero, a la demencia ligera y a la primera fase
de la demencia moderada, para valorar los efectos
de la estimulación cognitiva y motora en los
pacientes con esta enfermedad.
De los 84 pacientes incluidos en este estudio, 44
fueron seleccionados por sorteo para participar en
un programa de estimulación cognitiva y motora que
se realizaría en dos sesiones semanales de 3,5
horas de duración cada una.
Los resultados del estudio, publicados en el
último número de la prestigiosa revista Neurology
de la Academia Americana de Neurología, mostraron
que al cabo de un año, los pacientes que habían
acudido a las sesiones de estimulación cognitiva y
motora, presentaban una situación afectiva más
positiva. Además presentaban menos problemas
conductuales y gozaban de una calidad de vida
superior, con menos episodios de agitación, menor
irritabilidad y mejor relación con otras personas.
Por otra parte, las funciones cognitivas de los
pacientes que recibieron la estimulación se
mantuvieron estables,
mientras que las de los pacientes que no las
recibieron habían declinado. Los efectos
beneficiosos de las sesiones de estimulación
fueron especialmente llamativos en los pacientes
con un bajo nivel de escolaridad, según los
investigadores, posiblemente porque conservan una
mayor reserva cognitiva, frente a los pacientes
con un alto nivel de escolaridad que han utilizado
de forma espontánea sus recursos cognitivos para
compensar las pérdidas producidas por la
enfermedad de Alzheimer.
Durante el tiempo que duró el estudio la carga de
los cuidadores se mantuvo estable en los dos
grupos. En cuanto
al tratamiento farmacológico, todos los pacientes
tomaron anticolinesterásicos, los que mayor efecto
cognitivo producen en esta enfermedad; de hecho
deducen los expertos que los beneficios de la
estimulación se suman a los de estos fármacos y
además son complementarios. El número de fármacos
tranquilizantes no se alteró en los pacientes que
cumplieron el programa de estimulación motora y
cognitiva, mientras que aumentó significativamente
en los pacientes que no lo hicieron.
A diferencia de la mayoría de los estudios
previos, que no han encontrado efectos
generalizables a ámbitos distintos a los de la
intervención o simplemente se han limitado a medir
un beneficio inmediato, el estudio de la Fundación
María Wolf, el primero que evalúa los efectos a
largo plazo, ha analizado los efectos de forma
independiente a la propia intervención. Pero
además, se desmarca de los demás en que sus
efectos aparecen principalmente en los ámbitos de
la afectividad, de la conducta y de la calidad de
vida, esferas que tradicionalmente se han obviado
en el manejo del paciente con Alzheimer, y que sin
embargo influyen de manera determinante en el
avance de la enfermedad.
En España más de 600.000 personas padecen la
enfermedad de Alzheimer y se prevé que las
enfermedades neurológicas sigan creciendo en los
próximos 50 años debido al envejecimiento de la
población. Por ello, los resultados obtenidos en
este estudio obligan a seguir investigando, a fin
de poder ofrecer en el futuro intervenciones más
adaptadas a cada paciente y por tanto, más
eficaces y beneficiosas.
Fuente: Acceso.com
www.acceso.com |