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Los rasgos definitorios de la enfermedad de
Parkinson, un proceso neurodegenerativo que daña
el sistema motor, son el temblor en las manos, las
piernas, la mandíbula y la cara, la rigidez de las
extremidades y el tronco, la lentitud de
movimiento y la inestabilidad postural. Pero,
además, cuatro de cada 10 pacientes acaba
sufriendo síntomas cognitivos característicos de
demencia (déficit de atención, trastornos de
memoria, ralentización de la función mental...)
que merman notablemente su calidad de vida y la de
sus cuidadores.
Aunque se desconocen las razones íntimas de esta
asociación, parte se relaciona con un deterioro en
la actividad colinérgica de las células del
cerebro (neuronas) similar al de otra dolencia
neurodegenerativa, la enfermedad de Alzheimer. Los
síntomas de Parkinson se asocian al déficit de un
neurotransmisor clave para la conexión neuronal,
la dopamina. Pero los estudios han demostrado que,
al igual que le ocurre a los enfermos de
Alzheimer, los afectados presentan, asimismo, una
deficiencia de acetilcolina, otro 'mensajero
químico' y que ésta es, incluso, mayor que la de
los afectados por el 'mal del olvido'.
Gracias a estos hallazgos, los enfermos de
demencia asociada al Parkinson que hasta ahora no
tenían tratamiento podrían beneficiarse de los
fármacos que se emplean en los que sufren de
Alzheimer, los inhibidores de la
acetilcolinesterasa. El estudio, que publica esta
semana la revista 'The New England Journal of
Medicine', demuestra que la rivastigmina
(comercializada como Exelon), uno de los
exponentes de esta clase de medicación, ofrece a
los primeros una mejora equiparable a la que
procura a los segundos.
Los investigadores estudiaron a casi 400 enfermos,
entre ellos varios españoles, a los que se les
diagnosticó el trastorno motor y posteriormente
desarrollaron signos de demencia. A unos se les
administró el fármaco durante seis meses a
distintas dosis, mientras otros recibieron una
sustancia inactiva (placebo) y sirvieron como
grupo control.
La evolución de unos y otros se comparó al inicio
y al término de la terapia utilizando unos
cuestionarios que miden el grado de afectación
cognitiva. «Hemos encontrado diferencias
significativas en los pacientes que recibieron el
tratamiento en cuanto a su memoria y a su
capacidad ejecutiva, así como en las escalas de
conducta que miden los episodios de irritabilidad,
desorientación y las alucinaciones», describe el
neurólogo Jaime Kulisevsky, que ha coordinado a
los seis centros sanitarios españoles que han
participado en este estudio internacional.
«Es un primer paso importantísimo en el
tratamiento de esta complicación», agrega el
experto, que dirige la Unidad de Trastornos del
Movimiento del Hospital de la Santa Cruz y San
Pablo de Barcelona.
Las diferencias son, no obstante, modestas. El
impacto del fármaco es un poco inferior al que se
obtiene cuando se utiliza en pacientes de
Alzheimer, y traducido a la práctica podría
suponer retrasar unos seis meses la presentación
de los síntomas de deterioro mental.
Kulisevsky matiza que el hecho de usar
herramientas para evaluar cambios en la función
cognitiva que no han sido diseñadas para enfermos
de Parkinson, sino para los de Alzheimer, puede
haber tenido un impacto negativo sobre los
resultados. «Aunque los síntomas entre ambos tipos
de demencia son similares, en una y otra
predominan distintos tipos de trastornos. No
disponemos de un instrumento específico para el
Parkinson, aunque está en desarrollo», explica.
Naúseas y vómitos fueron los efectos secundarios
más frecuentes asociados a la medicación. También
se incrementaron los temblores en el grupo
tratado, si bien no se detectó un empeoramiento
generalizado en la valoración motora. «Lo idóneo
sería hacer un uso individualizado y ajustado a
cada paciente de la medicación», puntualiza el
neurólogo catalán.
En la misma revista se publica otro ensayo que ha
revisado la eficacia del tratamiento más útil para
los síntomas motores del Parkinson, la levodopa, y
la hipótesis de que su empleo podría, a largo
plazo, acelerar el proceso neurodegenerativo. El
estudio no despeja esta incógnita. Mientras los
datos clínicos muestran que la levodopa mejora la
sintomatología, las imágenes cerebrales obtenidas
con escáner revelan un efecto negativo.
Fuente: Diario El Mundo
(España)
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