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Un estudio
reciente plantea que una exposición a largo plazo
a la contaminación atmosférica contribuye a un
endurecimiento prematuro de las arterias.
"Si esto puede confirmarse, supondría grandes
implicaciones", afirmó el Dr. Nino Kuenzli, autor
principal del estudio que fue presentado el
domingo en las sesiones científicas de la American
Heart Association en Nueva Orleáns.
"La arteriosclerosis es un grave proceso
subyacente de la enfermedad responsable de tanta
morbilidad y mortalidad en los Estados Unidos.
Alrededor del 50 por ciento de las enfermedades y
muertes tienen alguna arteriosclerosis
subyacente".
Por supuesto, la contaminación atmosférica es algo
a lo que todo el mundo ha estado eventualmente
expuesto a uno u otro nivel.
"Si se pueden confirmar estos hallazgos,
ciertamente se escribiría una nueva página en la
historia de los efectos crónicos de la
contaminación atmosférica", añadió Kuenzli,
profesor asociado de salud ambiental de la
Facultad de Medicina Keck de la Universidad de
California del Sur.
La confirmación de estos hallazgos, los cuales son
observacionales, no es algo seguro. "En cierto
modo esto confirma algo que nos parece
intuitivamente obvio, que las toxinas inhaladas
dentro del cuerpo si producen efectos", indicó el
Dr. Stephen Siegel, cardiólogo y profesor
asistente clínico de medicina de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Nueva York. "Esto
respalda nociones previas, pero que aún podrían
existir otros factores desconcertantes".
Apuntó que estudios observacionales habían
encontrado una reducción significativa de
enfermedades cardiacas en mujeres que tomaban
hormonas. Aunque, un estudio controlado,
auspiciado por la Women's Health Initiative,
encontró que lo contrario era cierto,
En el caso de la contaminación atmosférica, los
investigadores habían encontrado previamente
asociaciones entre ataques cardiacos, muerte
cardiovascular y aire contaminado, pero no ha
estado claro qué efecto aparece primero en el
proceso.
De acuerdo con los autores, estos resultados son
la primera evidencia de una asociación entre la
arteriosclerosis y la contaminación atmosférica
ambiental.
Kuenzli y sus colegas observaron datos de dos
ensayos clínicos realizados con 798 personas de 40
años o más que vivían en el área de Los Ángeles.
Utilizaron ultrasonidos para medir el grosor del
revestimiento interno de las arterias del cuello
(conocido como engrosamiento media íntima de la
arteria carótida, o CIMT, por sus siglas en
inglés).
Los participantes fueron clasificados en base a su
ubicación geográfica, a cada código de área se les
asignó un valor diferente tomando en cuenta la
concentración estimada de partículas PM2.5.
Las partículas PM2.5 son contaminantes
atmosféricos con un diámetro de 2.5 micrómetros o
menos, lo bastante pequeño para invadir incluso
las vía respiratorias más diminutas.
Estas partículas proceden en general de
actividades como la quema de combustibles fósiles,
tales como el tráfico, la fundición y el
procesamiento de metales.
Las partículas PM2.3 fueron medidas en microgramos
por metro cúbico. Por cada incremento de 10
microgramos por metro cúbico de PM2.5, el CIMT
aumentó en un 5.9 por ciento. Tras ajustar varios
factores, incluyendo el tabaquismo, los
investigadores encontraron que el CIMT aumentaba
de 3.9 a un 4.3 por ciento por cada incremento de
10 microgramos por metro cúbico en las partículas
PM2.5.
Hubo incrementos más considerables en personas
mayores de 60 años, mujeres y en personas que
tomaban medicación para reducir el colesterol. Los
incrementos más significativos se observaron en
mujeres de 60 años o más: el CIMT creció un 15.7
por ciento por cada 10 microgramos por metro
cúbico.
Los cambios observados fueron similares a aquellos
que ocurrieron en personas que vivían con
fumadores, indicó Kuenzli.
De acuerdo con Kuenzli, la contaminación
atmosférica puede causar respuestas inflamatorias
en el tracto respiratorio del organismo y en los
vasos sanguíneos. En el caso del sistema
circulatorio, esto podría conducir eventualmente a
un engrosamiento de la pared arterial y sus
problemas respectivos.
Los estudios en conejos demostraron que una
exposición a las partículas aéreas producía todos
los signos de la arteriosclerosis, en tanto que
estudios en humanos determinaron que la inhalación
de estas partículas resultaba en una inflamación
sistemática. "Pensamos que es creíble", señaló
Kuenzli.
Aunque los hallazgos necesitan ser confirmados,
tal vez esta información sea suficiente para
incitar alguna acción. "Esto nos dice realmente
que la contaminación atmosférica contribuye de
manera crónica en el proceso subyacente de una
morbilidad y mortalidad cardiovascular, y no se
trata únicamente de la contaminación de ayer o de
los últimos dos o tres años de su vida", explicó.
"En realidad, es algo que empieza desde el
nacimiento".
"No somos politólogos, pero lo que hay que hacer
es obvio. Simplemente, apoyar un medioambiente que
es claramente perjudicial para una gran mayoría de
la población no es correcto", añadió Kuenzli.
"Sabemos de dónde procede la contaminación
atmosférica, y está muy que claro que debemos
limpiar el aire con políticas más estrictas".
"Es bueno que tengamos estas cosas cuantificadas
para que puedan ser utilizadas como base para una
política pública", explicó Siegel. "Eso es lo que
el gobierno necesita algunas veces, información en
términos numéricos. Sobre si estamos generando
alguna nueva ciencia real, no puedo afirmarlo".
Fuente: E-Medicum
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