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El temor a sufrir
nuevas caídas favorece la aparición del denominado
síndrome post-caída, un trastorno que limita la
movilidad, la actividad física y la calidad de
vida de los ancianos.
Una de cada tres personas mayores de 65 años se
cae al menos una vez al año y cerca de la tercera
parte sufre fracturas y otras lesiones moderadas y
severas. La recuperación y el tratamiento de las
caídas no implica aspectos puramente físicos sino
también psicológicos, ya que "cada vez es mayor el
número de personas que han sufrido una caída y
presentan el denominado síndrome post-caída,
caracterizado por el temor a sufrir nuevas caídas,
sensación que limita enormemente la actividad
física y la calidad de vida de los pacientes", ha
explicado José Manuel Ribera, del Hospital Clínico
San Carlos, de Madrid, y director del curso sobre
Caídas y fracturas en el anciano: un reto para
geriatras y traumatológos.
Según Ribera, las caídas constituyen un fenómeno
creciente que lleva asociada una alta
morbimortalidad, por lo que su abordaje debe ser
multidisciplinar e implicar a todos los agentes
sanitarios y sociales que puedan incidir en su
prevención primaria y secundaria.
"Se tiende a frivolizar sobre este tema, que ha
sido ignorado en la mayor parte de los programas
docentes. Sin embargo, su magnitud y sus
consecuencias son suficientemente importantes como
para tomarlo con seriedad y analizar su
epidemiología, causas, factores de riesgo y
tratamiento".
Factores de riesgo
Entre los factores que pueden influir en las
caídas se encuentran los déficit sensoriales,
trastornos neurológicos o relacionados con el
equilibrio, hábitos tóxicos, el consumo de ciertos
fármacos, la actividad física habitual y la
fragilidad del hueso. Según ha indicado Carlos
Lozano Tonkin, de la Unidad de Osteología del
Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, la
prevención de esta fragilidad y las posibles
caídas a las que puede llevar pasa por mejorar los
factores nutricionales, con una dieta adecuada
rica en calcio y vitamina D, y aumentar el
ejercicio físico. Asimismo, "debemos evitar la
exposición del anciano a las situaciones que
pueden causar caídas y traumatismos mediante
acolchamientos especiales que protejan el hueso
frágil o que ya presenta lesiones". Otros factores
de riesgo están relacionados con el hogar y el
entorno en el que se mueve el anciano, como la
iluminación, los espacios mal adaptados o las
escaleras. En todo caso, los especialistas
coinciden en que la prevención de la fragilidad
del hueso debe empezar en la infancia, con la
promoción de hábitos de vida saludables que
incluyan una dieta equilibrada.
Fuente: Diario Salud
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