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La pérdida de
funcionalidad de las células nerviosas es uno de
los distintivos de enfermedades como el Alzheimer
y el Parkinson. Pero las nuevas evidencias en
ratas y ratones sugieren que esas neuronas pueden
salvarse, según un estudio coordinado por Sung Ok
Yoon, de la Universidad de Ohio, que se publicó
ayer en Proceedings of the National Academy of
Sciences.
Los resultados apuntan hacia el diseño de nuevos
tratamientos que ayudarán al control de la
enfermedad cerebral y de las lesiones de la médula
espinal. Se ha constatado que la neutralización de
una proteína específica puede evitar la muerte
neuronal.
Las neuronas dañadas resultan inútiles por la
interacción de dos proteínas: la proNGF y la p75.
Los investigadores han visto que si se tratan esas
células dañadas con un anticuerpo proNGF se evita
la interacción de las citadas proteínas. Por eso,
las neuronas sobreviven o al menos se evita parte
del daño. "Conocer cómo influyen esas proteínas en
las otras nos ha ofrecido una oportunidad para
diseñar nuevos fármacos que alteren la
interacción", ha apuntado Ok Yoon.
Ya se sabe que atravesar la barrera
hematoencefálica es complicado, "pero si somos
capaces de diseñar una molécula que evite la unión
entre la p75 y la proNGF, podremos desarrollar
terapias para estos pacientes".
Muestras
En el trabajo se ha estudiado el tejido cerebral y
medular de ratas y ratones sanos y se ha comparado
con el de animales lesionados. Se han tenido en
cuenta las manifestaciones de la proNGF y de la
p75 en cada grupo de tejidos y se ha visto que
ambas proteínas están presentes en grandes
cantidades cuando se produce una alteración
neuronal, pero son casi imperceptibles en animales
sanos.
Se sabe que la p75 es una proteína que destruye
neuronas, pero necesita la proNGF para hacer su
trabajo. La p75 es un receptor que en las neuronas
sanas recibe señales de fuera de las células, las
traslada a ellas y alimenta al resto de las del
organismo.
Por razones que aún no conocen los investigadores,
el daño neuronal produce un cambio dramático en el
comportamiento de la p75. En lugar de mandar
información a las células del organismo, el p75 se
convierte en un receptor que elimina las células,
pero sólo en presencia de la proNGF, que es un
precursor del factor de crecimiento nervioso.
Además, se produce un aumento sustancial en la
proNGF y en la p75 en las neuronas dañadas que se
mantiene en las 24 horas siguientes. Los niveles
de la p75 alcanzan su nivel más alto a los tres
días después del daño, como sucede con la muerte
neuronal. "Hemos constatado que, después del
tratamiento con el anticuerpo, el número de
neuronas que permanece intacto se sitúa en cerca
del cien por cien".
Fuente: Diario Médico
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