Las
tasas de longevidad crecen con mayor rapidez
de lo esperado
Los
ancianos viven más y son cada vez más sanos
Las teorías abarcan desde la declinación en el
número de fumadores después de la década de los 60
y el uso de antibióticos para combatir las
enfermedades.
El príncipe Carlos lleva más de 50 años esperando
para convertirse en el monarca del Reino Unido y
sus perspectivas de acceder al trono en forma
inmediata no son buenas. Su madre, la reina Isabel
II, forma parte de un grupo notable de británicos
nacidos en torno al año 1926, cuya expectativa de
vida se está incrementando de manera inesperada.
En Japón, los demógrafos han descubierto un cambio
de ritmo todavía más sorprendente entre las
mujeres nacidas en 1910: desde 1960, cada cuatro
años han agregado un año a su expectativa de vida
posterior a los 50. Antes de 1960, estas mujeres
habían ganado un año de expectativa de vida
post-50 cada 18 años.
Los avances no se limitan al mundo desarrollado.
En México, por ejemplo, en 1930 las tasas de
mortalidad duplicaban las de Estados Unidos. Pero
ahora se proyecta que para el año 2010, las tasas
de ambos países estarán aproximadamente parejas.
Los actuarios y los gerontólogos todavía no saben
por qué se producen estos cambios. Las teorías
abarcan desde la declinación en el número de
fumadores después de la década de los 60 y el uso
de antibióticos para combatir las enfermedades. Lo
único seguro es que, tanto los ciudadanos como los
responsables de establecer las políticas públicas
de los diferentes países, recién están empezando a
vislumbrar todo lo que pueden traer aparejado
estos cambios profundos.
En 1948, por ejemplo, el año en que nació el
príncipe Carlos, British Airways (BA) estableció
un plan de retiro cuyo costo no parecía excesivo
en aquel momento: la edad establecida para la
jubilación era de 65 años y el promedio de vida en
aquella época llegaba a los 68. Hoy en día, el
promedio de los empleados de BA vive más de 80
años, lo que quintuplicó el tiempo de vida tras el
retiro.
Los individuos también tienden a prever que
vivirán menos de lo que realmente viven. Eric
Lofgren, director global de Consultoría de
Beneficios de la firma estadounidense Watson Wyatt,
especializada en asesoramiento para planes de
retiro, señaló que entre los que contratan planes
privados de pensión, alrededor de 55% de los que
optan por el pago único, y no por la renta
vitalicia, se queda sin dinero antes de morir y
debe recurrir a la seguridad social.
Pero aunque estos períodos más largos de retiro e
inactividad económicamente resultan desastrosos
para los sistemas nacionales de jubilación, las
consecuencias para los sistemas de salud no son
tan claras. Algunos expertos en estadísticas
sanitarias han comentado que nuevas evidencias
indican que la actual generación de ancianos es
más saludable que las anteriores. Los temores de
que las sociedades puedan quedar hundidas bajo una
oleada creciente de ancianos enfermos e
incapacitados estaría basada en conceptos erróneos
e información desactualizada.
"Los nuevos datos terminan con las preocupaciones
de este tipo. Hay mucha evidencia que apunta a una
rápida declinación en las tasas de incapacidad
entre los ancianos", dijo Raymond Tallis, profesor
de Medicina Geriátrica de la Universidad de
Manchester, en Gran Bretaña. Los optimistas hablan
de una compresión de la morbilidad: los avances en
el cuidado de la salud y la prevención de
enfermedades incapacitantes están empezando a
alargar el período de vida sana y a acortar el
período promedio de incapacidad previo a la
muerte. De ser correcta, esta teoría daría mayor
peso a los argumentos para elevar la edad mínima
para acogerse a la jubilación. En Estados Unidos,
por ejemplo, el Estudio Nacional de Cuidados a
Largo Plazo, analizado por Kenneth Manton y sus
colegas en la Universidad Duke, mostró una
acelerada reducción en el número de casos de mala
salud crónica entre la población estadounidense de
más edad.
Pero aunque los planes de salud no estén
amenazados, los regímenes previsionales se han
convertido en fuente de fricciones en la mayor
parte de las economías industrializadas. Y los
desafíos que presentan los rápidos cambios
demográficos están al tope de la agenda del Foro
Económico de Davos, que se realiza esta semana en
Davos, Suiza.