Científicos norteamericanos han utilizado con
éxito un tratamiento antiepiléptico en ratones que
padecían la enfermedad de Parkinson. La inyección
subcutánea logró que los cerebros dañados se
recuperasen de la neurodegeneración que estaban
sufriendo. Los roedores, además, restituyeron sus
habilidades motoras, por lo que esta sustancia
podría suponer una alternativa sencilla y novedosa
de combatir el Parkinson.
El Parkinson es la segunda enfermedad
neurodegenerativa más extendida después del mal de
Alzheimer. Quienes lo padecen experimentan
anormalidad en sus funciones motoras, que incluyen
temblores, rigidez muscular y cambios
involuntarios de postura. El gran rasgo patológico
del Parkinson en el cerebro es la pérdida de
neuronas dopaminérgicas (relacionadas con las
sensaciones de satisfacción y placer).
Serge Przedborski y su equipo, que han publicado
su estudio en el Journal of Clinical Investigation,
administraron MPTP -una neurotoxina- a ratones
para provocarles un trastorno dopaminérgico además
de déficits en la respiración mitocondrial
(celular). En esta situación, y tras suministrar
la infusión -denominada D-beta-hidroxybutriato-,
el equipo investigador demostró que ésta había
restituido la función normal de las células.
Además, protegió a los roedores de la
neurodegeneración inducida por el MPTP y de los
trastornos motores.
El tratamiento con compuestos como el que contiene
dicha infusión es utilizado actualmente para
combatir la epilepsia, una enfermedad neurológica
crónica producida por un aumento de la actividad
eléctrica de las neuronas. Esta terapia también es
capaz de penetrar en la barrera hematoencefálica
que a menudo protege al cerebro de efectos los
efectos que algunos fármacos, beneficiosos para
tratar ciertas patologías, podrían producir en el
cerebro.
Los autores aseguran que este tratamiento puede
ser considerado una forma novel de la terapia
neuroprotectora en el tratamiento de la enfermedad
de Parkinson. No obstante, aunque este compuesto
lleve utilizándose 70 años para tratar la
epilepsia en humanos, los investigadores afirman
que se desconocen los efectos a largo plazo
derivados de un uso crónico en el metabolismo
celular, particularmente en la función de las
mitocondrias.
"Hemos demostrado que el D-beta-hidroxybutriato
puede suponer un paso adelante en la estrategia
para el tratamiento de las enfermedades
neurodegenerativas como el Parkinson", declara
Przedborski.