Gracias a la hidroterapia, los enfermos con
Parkinson pueden aprovecharse de los efectos
beneficiosos del agua para aliviar algunos de sus
síntomas. La rigidez muscular, las dificultades al
andar o incluso el habla se ven mejorados con la
sesiones de ejercicios acuáticos que la Unidad de
Parkinson del Centro Teknon, en Barcelona,
organiza dos veces al año
Con la ayuda de una piscina en la que siempre se
hace pie y con el agua a una temperatura de entre
35 y 38 grados centígrados, los monitores de la
Unidad de Parkinson del Centro Teknon de Barcelona
consiguen que los enfermos de Parkinson que acuden
a los cursos de hidroterapia mejoren sus síntomas
por un espacio de varias semanas.
Uno de los signos que caracteriza a la enfermedad
de Parkinson es la rigidez muscular, que ocasiona
severos dolores a los enfermos que la padecen.
Como señala Angels Bayés, los pacientes con esta
enfermedad degenerativa suelen tener dificultades
para realizar ejercicios de fisioterapia para
mejorar su movilidad debido a la falta de
flexibilidad en su musculatura. “Al utilizar el
medio acuático, sobre todo si la temperatura es la
adecuada, se favorece la relajación, con lo que se
realizan mejor los movimientos y las
articulaciones pueden alcanzar una amplitud
mayor”.
No obstante, la movilidad no es el único aspecto
que mejora gracias a la hidroterapia. El habla,
una facultad mermada en un porcentaje altísimo de
personas con Parkinson, también se ve beneficiada.
“Hacemos ejercicios de logoterapia dentro del
agua, donde se consigue una relajación de toda la
musculatura bucofonatoria implicada en el habla y
la voz”, explica Bayés.
Fuera y dentro del agua
La sesiones se inician con ejercicios fuera del
agua a modo de precalentamiento, para seguidamente
comenzar los estiramientos en el agua. “Suele
haber un monitor para cada paciente, que lo
sujeta, le ayuda a relajarse completamente y
entonces se llevan a cabo ejercicios de
respiración. A partir de ahí se trabajan
movimientos de flexibilidad de la columna y de
rotación. Las personas con Parkinson suelen
presentar rigidez en el tronco, lo que explica que
no braceen al caminar y no giren la cintura”,
detalla la neuróloga. “Esto se complementa con
ejercicios de marcha y de equilibrio dentro del
agua, que siempre se hacen combinados con
ejercicios de voz”.
Esta novedosa terapia se puede aplicar a pacientes
en cualquier fase y grado de la enfermedad. Como
normal general, sólo se desaconseja en personas
con limitaciones cardiopulmonares graves o que
padezcan incontinencia urinaria. Además, junto a
los beneficios puramente físicos, las sesiones
reportan un valor añadido desde el punto de vista
anímico. “Los participantes salen relajados, han
gritado y se han relacionado con otras personas en
su misma situación”.
El centro barcelonés Teknon han realizado por
segundo año esta actividad, que se repite dos
veces al año, una en junio y otra en septiembre.
Los cursos son impartidos por un equipo de
profesionales que incluye fisioterapeutas,
logopedas, terapeutas ocupaciones y una neuróloga,
y los beneficios conseguidos se mantienen a lo
largo de varias semanas. “Lo ideal sería realizar
la hidroterapia cada tres meses, aunque por
cuestiones logísticas sólo llevamos a cabo dos
cursos anuales. Parece que en la enfermedad de
Parkinson funcionan mejor los tratamientos
intensivos. Por ello programamos cursos de varios
días seguidos de unos meses descanso. En el
periodo intermedio se pueden hacer otros
monográficos, destinados al apoyo psicológico o a
actividades para mejorar el habla”.