La
vitamina E es eficaz en las afecciones
afecciones neurológicas vinculadas a estrés
oxidativo
Dado que el estrés oxidativo se considera un
partícipe necesario en la patogenia de numerosas
afecciones del sistema nervioso, no llama la
atención el papel que juega la vitamina E, único
antioxidante liposoluble presente en las membranas
celulares, en la terapéutica de estas patologías.
En este sentido, expertos del Departamento de
Psiquiatría de la Universidad de Minnesota
(Estados Unidos) efectuaron una revisión acerca de
la eficacia y la seguridad del empleo de vitamina
E en ciertos trastornos neurológicos propios de
los ancianos. En primer lugar, pusieron en claro
la existencia de diferencias entre niveles de
ingesta normal, dosis suplementarias y
farmacológicas, y las consiquientes diferencias en
las concentraciones a nivel cerebral. Como
aproximación al tema, se reseñan los mecanismos de
la ataxia vinculada a deficiencia de vitamina E,
similar clínicamente a la ataxia de Friedereich.
Luego, los expertos presentaron los datos de la
investigación sobre efectos de la terapia
antioxidante en la enfermedad de Parkinson, en la
cual se emplearon 2.000 UI por día. Si bien los
resultados no fueron los esperados, se destaca el
hecho de que la población de enfermos tenía un
diagnóstico firme de extrapieramidalismo lo que
implica que más del 80 por ciento de las neuronas
de la sustancia nigra ya habían degenerado y no
les sería posible responder al accionar del
a-tocoferol. Por ello se aguarda la realización de
experiencias en etapas preclínicas.
Por otra parte, es importante establecer la
duración del tratamiento vitamínico para poder
modificar el curso clínico de la enfermedad. En
efecto, se ha establecido que las concentraciones
vitamínicas en el líquido cefalorraquídeo se
correlacionan con la duración de la suplementación
y se ha sugerido que se requieren 644 días para
alcanzar concentraciones elevadas.
Para el caso de la enfermedad de Alzheimer, un
estudio similar al realizado con la enfermedad de
Parkinson estableció que el uso de a-tocoferol
junto con el de selegilina logró retrasar la
evolución del padecimiento. De todos modos, este
estudio también se practicó en sujetos con
enfermedad ya establecida, lo que puede reducir
las probabilidades de lograr efectos positivos con
la suplementación vitamínica.
Especialistas que estudiaron la vitamina E en las
enfermedades cerebrovasculares consideran que la
ausencia de efectos protectores por parte del
a-tocoferol puede haber resultado de las bajas
dosis empleadas, ya que estudios epidemiológicos
previos destacan que la vitamina E es más
beneficiosa que la C y el B-caroteno. Finalmente,
se señala que deben aguardarse los resultados de
trabajos sobre prevención de accidentes
cerebrovasculares mediante el uso de vitamina E,
en plena realización en la actualidad.
Otra de las afecciones en las cuales se ha
señalado el probable papel de la vitamina E es la
disquinesia tardía, trastornos del movimiento que
surgen como efectos colaterales del empleo crónico
de neurolépticos para el tratamiento de las
afecciones psicóticas. La degeneración del sistema
dopaminérgico, que parece ser el mecanismo
fisiopatológico de base, estaría causada por la
generación de radicales libres durante el
tratamiento con neurolépticos y allí podría
intervenir la vitamina E con sus efectos
antioxidantes.
Las investigaciones con vitamina E mostraron
reducciones de los movimientos involuntarios
cuando se empleaban dosis elevadas del agente por
períodos de 2 meses. Los resultados fueron mayores
cuando se indicaba el tratamiento precozmente,
pero ninguno de los trabajos analizó el potencial
de la vitamina E en la prevención de esta grave
consecuencia del tratamiento antipsicótico. Si
bien restan aún trabajos que analicen los
resultados con la utilización por períodos
prolongados, la terapia con altas dosis de
vitamina E no ha demostrado estar acompañada por
efectos tóxicos, salvo en los casos de deficiencia
de vitamina K concomitante.
Por ello es conveniente monitorear el estado de
coagulación en pacientes que pueden ser candidatos
a la terapéutica con mega-dosis de vitamina E,
sobre todo si son pasibles de terapia
anticoagulante. Finalmente, los expertos presentan
la controversia acerca de los efectos de la
vitamina E en la terapia de la retinitis
pigmentaria, para la cual parecen ser más eficaces
que la vitamina A pero a costa de producir
modificaciones en la absorción del retinol.
En su síntesis final, los expertos proponen una
actitud cautelosa frente al uso masivo e
indiscriminado de grandes dosis de vitamina E.
Resaltan el hecho de que la terapéutica con
a-tocoferol en enfermedades como las de Parkinson
y Alzheimer parece ser mucho más eficaz cuando se
implementa de manera preventiva o en etapas
precoces de le enfermedad.
Otra circunstancia destacable es la necesidad de
llevar a cabo terapias prolongadas, siempre
adoptando una actitud cautelosa frente a
eventuales trastornos de la coagulación que
podrían agravarse con el uso de la vitamina. De
todos modos, resulta auspicioso el hecho de que
numerosos trabajos acerca de la utilización de
vitamina E, y de otros agentes antioxidantes, se
encuentren en etapa de realización, lo que indica
que en el futuro se podrá contar con muchas más
precisiones al respecto
Fuente:
Diario La Capital -
Mar del Plata http://www.lacapitalnet.com.ar