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La depresión es
una patología muy prevalente entre la población
anciana, pero puede pasar inadvertida ante el
médico por los rasgos que presenta en común con el
proceso de envejecimiento. El transcurso del
tiempo enlentece a las personas, acentúa la
melancolía y en ocasiones asocia distintas
enfermedades, lo que puede constituir un factor de
riesgo para desarrollar episodios depresivos y,
con frecuencia, para que la depresión no llegue a
detectarse.
No obstante, los ancianos se han convertido en un
importante grupo de pacientes dentro de una
sociedad cada vez más longeva. Estos factores,
unidos a la búsqueda de una mejora de la calidad
de vida, alimentan un incremento del diagnóstico y
del tratamiento de patologías como la depresión.
"Disponemos de nuevas herramientas terapéuticas,
más eficaces que las de hace veinte o diez años,
lo que supone un estímulo para conocer mejor la
patología", ha explicado a DM José Manuel Ribera
Casado, jefe del Servicio de
Geriatría del
Hospital Clínico de Madrid. El especialista ha
participado en el curso Diagnóstico y depresión en
el paciente anciano, impartido, entre otras
ciudades, en Madrid.
Ribera Casado ha destacado que la prevalencia de
la depresión en el colectivo de ancianos es muy
alta (hay estadísticas que la sitúan en el 17 por
ciento de los mayores de 65 años), aunque también
resulta bastante difícil de establecer. "Apuntar
un porcentaje concreto de prevalencia y de
incidencia de esta enfermedad resulta complejo,
porque depende de muchas variables".
Variables
Entre ellas, Ribera Casado ha señalado el lugar
donde se realicen los estudios (pacientes de la
población general, de residencias, de hospitales),
el tipo de depresión que se pretenda evaluar (no
son iguales una depresión mayor que los distintos
tipos de depresión menor, mucho más frecuentes), o
incluso el facultativo que desarrolle el trabajo (geriatra,
médico de atención primaria o psiquiatra).
Consideraciones epidemiológicas aparte, el experto
encuentra importante la formación entre los no
especialistas para evitar el infradiagnóstico de
la depresión, y, sobre todo, tenerla presente: "Es
necesario saber cómo detectar la depresión, pero
no se diagnostica lo que no se piensa. Hay que
meditar sobre la posibilidad de que exista y
perder el miedo a tratarla". El recurso al
especialista debe seguir un criterio de sospecha
de depresión severa, mala respuesta al tratamiento
tras un tiempo razonable y riesgo de suicidio.
Farmacológico
Para Ribera Casado, que también preside la
Sociedad Española de
Geriatría, el aspecto farmacológico del
tratamiento ofrece una respuesta muy positiva.
"Fármacos como la fluoxetina, un inhibidor
selectivo de la recaptación de la serotonina, han
demostrado no sólo un buen resultado, sino que
también se toleran bien. En comparación con otros
psicofármacos, como los tricíclicos, no provocan
un efecto cardiotóxico, algo que puede constituir
un problema entre pacientes que no siempre tienen
un funcionamiento cardiaco bueno".
Con respecto a la terapia farmacológica, el
especialista ha añadido que "el tratamiento debe
ser prolongado para que se puedan observar sus
efectos; este tipo de abordajes suelen tardar
varias semanas antes de ofrecer resultados".
Por otra parte, Ribera Casado ha insistido en la
importancia de la dimensión no farmacológica
dentro del tratamiento del paciente depresivo. "El
componente no farmacológico resulta fundamental y
se basa en establecer una buena relación entre el
deprimido y el entorno donde se mueve. Una buena
relación con el paciente pasa por dedicar tiempo,
amabilidad, ofrecer disponibilidad en la consulta,
charlar con la familia y razonar con el enfermo".
Sonia Moreno Barrio
Fuente: Diario Médico
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