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Cerca del 40 por
ciento de los ancianos que se encuentran en
residencias presentan, en algún momento de su
estancia, cuadros depresivos. En la mayoría de los
casos, esta patología está directamente
relacionada con la vejez. Las estrategias
terapéuticas deben encaminarse a programar
acciones de ocio y entretenimiento, así como a
apoyar con terapias cognitivas y conductuales la
dependencia que mantienen.
Iñaki Artaza, geriatra de la Residencia Orue, en
Bilbao, considera que, desde el punto de vista
psicológico, "envejecer depende de cómo la persona
se adapte a este proceso, pero en cualquier caso
existe una predisposición a padecer una
vulnerabilidad ante el estrés, entendiendo por
ello cualquier situación que uno no puede
controlar, desde la muerte de un compañero o
compañera de toda la vida a la pérdida de amigos o
del papel que han desempeñado en la familia. A
menudo, las personas mayores pasan de ser padres
de los hijos a hijos de los hijos".
El experto, que ha participado en el II Congreso
de la Asociación Vasca de Geriatría y
Gerontología, celebrado en el Palacio de Congresos
Europa, de Vitoria, ha analizado los componentes
psicoafectivos del anciano residente.
A su juicio, "si a esta situación se añade un
grado de dependencia que hasta la fecha no
existía, bien por enfermedad o por demencia, se
reproducen los pasos previos para el ingreso en
una residencia". Algunos expertos consideran que
alguien que ingresa en una residencia ya estaría,
de alguna forma, algo predispuesto a la depresión.
"De hecho, circulan estadísticas que hablan de que
entre un 20 y un 40 por ciento de las personas que
ingresan en residencias tienen síntomas
depresivos".
Profundizando en esta línea, el geriatra también
se ha referido a la prevalencia de los trastornos
psicoafectivos en residencias. En lo que se
refiere a los datos extraídos de la estadística
del centro en el que trabaja, "el 30 por ciento de
los pacientes tienen sintomatología
ansioso-depresiva".
Programas
El experto ha subrayado que es preciso pensar
soluciones, tanto médicas como humanas, que
incidan en la búsqueda de la mejor salida posible.
En estos momentos, además de los programas de
psicoestimulación o estimulación cognitiva, se
pueden potenciar terapias de gimnasia o paseos en
compañía. "Muchas veces, la ansiedad y la
depresión están ligadas a la dependencia. En la
medida en que en algunos casos se pueda mejorar
esa dependencia mediante la rehabilitación o el
tratamiento médico, se mejora la depresión. Esto
ocurre porque se trata de una depresión reactiva a
esa situación de dependencia".
Sin embargo, esta terapia no siempre es sencilla.
En muchos casos, no se puede mejorar tal situación
y tampoco el entorno familiar. "A veces, los
ancianos tienen la sensación de que han hecho
mucho por sus familias y éstas les han pagado
ingresándolos en una residencia. No siempre es
así, porque en algunos casos aparecen ancianos de
difícil convivencia que sólo pueden ser tratados
desde el conocimiento científico de su caso y con
un rigor en la vigilancia durante todo el día que
a menudo la familia no está en condiciones de
ofrecer".
Esta batería de acciones debe combinarse con
actividades de ocio y tiempo libre y otras de
estimulación, "dado que algunas de las personas
que tienen demencia también experimentan
depresión. No conviene olvidar el suministro de
medicamentos antidepresivos para quienes los
necesiten".
Artaza ha añadido que para lograr un índice
aceptable de efectividad es preciso actuar en tres
frentes: funcional, con ayuda de auxiliares y la
fisioterapia; otro psicológico, con el impulso de
actividades de psicoestimulación y ocio y tiempo
libre y, por último, un frente médico que decide
si hay o no que tratar esa depresión.
Adaptación
El entorno que describe el geriatra es tajante.
"Mucha gente reacciona ante las circunstancias,
pero la disyuntiva es clara: o te adaptas a lo que
hay o te mueres. Existen estudios que especifican
que el 30 por ciento de los residentes no llegan a
un año de vida después del ingreso en una
residencia, porque no se adaptan y, al ser lo que
en geriatría se conoce como ancianos frágiles, al
no adaptarse tienden a descompensarse con
facilidad". El plazo de adaptación se sitúa en
torno a los cuatro meses. Los que se adaptan
aguantan muchos años, salvo que haya complicación
sin diagnosticar y que al realizar una valoración
integral emerge.
Fuente: Diario Médico
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