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Los populares
inhibidores de la Cox-2, cuyo uso está ampliamente
extendido por sus efectos antiinflamatorios,
analgésicos, antiagregantes etc., podrían
convertirse en una nueva alternativa en la lucha
contra el Parkinson. Una nueva investigación acaba
de demostrar que la presencia de esta enzima es
superior a lo normal en el cerebro de ratones que
padecían esta enfermedad neurodegenerativa, por lo
que el empleo de fármaco dirigidos a reducirla
podría permitir frenar la progresión de esta
dolencia, caracterizada por la pérdida de
determinadas neuronas, las dopaminérgicas.
Con estas nuevas evidencias, la Cox-2 sigue
sorprendiendo a los investigadores. No es la
primera vez que tanto esta enzima –fundamental en
los procesos inflamatorios–, como el producto de
su actividad, la prostaglandina E2, se relacionan
con procesos neurodegenerativos. En esta ocasión,
una investigación de la Universidad de Columbia ha
descubierto que la inhibición de la Cox-2 por
medio de fármacos como aspirina evitaría la
formación de sustancias oxidantes, implicadas de
alguna manera en el desarrollo de otra enfermedad
como el Alzheimer. Los científicos sugieren que
estos fármacos podrían ser una nueva vía en la
lucha contra el Parkinson.
Los autores apreciaron resultados similares tanto
en cerebros de roedores como en muestras de
tejidos humanos obtenidas de cadáveres de enfermos
de Parkinson. En ambos casos, la administración de
fármacos capaces de reducir la actividad esta
enzima, logró multiplicar la supervivencia de
neuronas dopaminérgicas y, en consecuencia,
reducir la progresión de la enfermedad.
Lo que los científicos explican es que las
neuronas con un 'exceso' de Cox-2 provocarían su
propia muerte por medio de complejos mediadores
celulares. Pero además, detrás de estos mecanismos
existen determinados procesos oxidativos debido a
la eliminación de sustancias antioxidantes
fundamentales para el normal desarrollo del
organismo humano.
Los estudios llevados a cabo hasta el momento
sugerían que la inflamación puede jugar un papel
fundamental en el desarrollo de enfermedades
neurodegenerativas como el Alzheimer. Los procesos
inflamatorios están directamente relacionados con
un aumento de la actividad de la Cox-2 y, por
tanto de la prostaglandina E2, lo que desencadena
toda una serie de mecanismos que llevan
inevitablemente a la neurodegeneración.
Con estas nuevas conclusiones, aseguran los
científicos, los inhibidores de la Cox-2 podrían
ser un buen punto de partida para el desarrollo de
nuevas terapias contra el Parkinson y para
retrasar la progresión de los procesos
neurodegenerativos.
Fuente: El Mundo Salud
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