El tratamiento de
los pacientes cardiópatas ancianos debe llevarse a
cabo de una forma individualizada y ha de existir
una relación constante entre el geriatra y el
cardiólogo. Así lo ha manifestado a DM el doctor
Arturo Cortina, jefe del Servicio de Cardiología
del Hospital Central de Asturias, durante el XXXVI
Congreso Nacional de la Sociedad Española de
Cardiología (SEC), que se ha celebrado en Granada.
Para hacer medicina basada en la evidencia,
"necesitamos estudios clínicos; si no, tenemos que
recurrir a los retrospectivos y a la experiencia
de cada médico. Pero el punto claro está en que
los ensayos clínicos suelen incluir a pacientes
hasta los 65 años, pero no en edades más
avanzadas. Con lo cual se plantea un problema con
los mayores de 65 años, población cada vez más
mayoritaria", ha explicado a DM Arturo Cortina,
jefe del Servicio de Cardiología del Hospital
Central de Asturias, que ha moderado una mesa
redonda sobre Ensayos clínicos y vejez,
desarrollada dentro del XXXVI Congreso Nacional de
la Sociedad Española de Cardiología, que se
clausuró el sábado en Granada.
En la actualidad, el número de pacientes añosos
con insuficiencia cardiaca ha aumentado
considerablemente. Y la estenosis aórtica y la
hipertensión se encuentran en situaciones
parecidas. "Ingresan en los hospitales y no
sabemos muy bien cómo actuar si queremos hacer una
medicina basada en el evidencia".
Medicina científica
Para este tipo de medicina se necesita disponer de
una muestra, tratar a un grupo y a otro que sirva
de control. Viendo los resultados, se extrapola a
la población de estudio. "De nada sirve la
extrapolación si se hace a una población
diferente. No estamos haciendo una medicina
científica, ni la vamos hacer, porque la mayoría
de las decisiones clínicas se toman en condiciones
de incertidumbre".
Teniendo en cuenta estos datos, la propuesta que
han efectuado los participantes en la mesa redonda
ha sido incluir en los estudios que se hagan a
partir de ahora a pacientes añosos. De esta forma,
se intentará suplir la falta de información que
existe sobre este grupo poblacional.
Cortina ha indicado que es necesario diferenciar
entre un cardiópata que llega a mayor y el añoso
que presenta una cardiopatía. En estos últimos hay
que determinar de qué lesión se trata. Sin
embargo, en los que ya llevan una cardiopatía
desde edades tempranas, lo que hay que hacer es
mantenerles con vida con los diversos tratamientos
disponibles. "En los añosos se debe centrar el
manejo en actitudes preventivas y en el otro grupo
hay que efectuar un tratamiento terapéutico
continuado".
Con respecto al manejo de las cardiopatías en el
anciano, ha dicho que las terapias se basan en la
experiencia de cada grupo. "Además, contamos con
estudios observacionales que nos ofrecen una
información importante para controlar a los
pacientes".
Cortina se ha mostrado rotundo al afirmar que la
medicina no es una ciencia exacta, sino una
disciplina probabilística. "Nosotros tenemos que
hacer la medicina en situaciones de incertidumbre.
Siempre llevamos a cabo, o lo intentamos, lo que
es mejor para el paciente. Tenemos que actuar
desde la presunción y desde la experiencia, y la
medicina basada en la evidencia supone acortar la
distancia que media entre el conocimiento
procedente de la investigación y de la naturaleza
humana".
Interrelación
Por otro lado, en el tratamiento de la cardiopatía
en el anciano debe existir una buena interrelación
entre el geriatra y el cardiólogo. "El primero ve
al enfermo en su conjunto y el cardiólogo actúa en
situaciones puntuales. Es necesario establecer una
buena estructuración en la que el cardiólogo es
una pieza más".
Una de las conclusiones de la mesa ha sido que, a
pesar de todo, es necesario individualizar el
tratamiento de los pacientes, porque cada uno
aparece con unas circunstancias determinadas.
José Manuel Ribera Casado, del Hospital Clínico de
Madrid y participante en la citada mesa, ha
comentado que la edad no cuenta al tratar al
paciente. "No puede ser un factor excluyente.
Existen sujetos de 55 años a los que se les podría
denominar viejos, porque presentan una patología
de mal pronóstico y tienen poca expectativa de
vida".
Los expertos que han intervenido en la mencionada
sesión han puesto de manifiesto que no tiene
sentido hablar de ancianos a partir de los 65
años, porque la mayoría de los pacientes de las
unidades coronarias rondan esa edad.
Clara Simón/ Inma
Martínez. Granada
Fuente: Diario Medico.com
www.diariomedico.com |