En
casa: tanto parientes como amigos y
vecinos pueden aprender a
mejorarles la vida
Cómo prepararse para atender y cuidar mejor a
los adultos mayores
Un programa especial del Gobierno de la Ciudad
de Buenos Aires forma gratuitamente a familiares
El objetivo es que la gente grande siga
viviendo en su lugar habitual
Se brinda capacitación para ayudarlos a
movilizarse
También, preparación psicológica
"Nosotros, que somos más jóvenes, no nos damos
cuenta de cómo tratar mejor a los mayores. Por
ejemplo, cómo dialogar, cómo hacerlos sentir
queridos o de qué manera reforzar su autonomía en
lugar de volverlos más dependientes", dice con una
sonrisa Alejandro Sarquís, de 37 años, que junto a
su mamá, Teresa, de 65, cuida de la abuela Marta y
la tía Matilde, de 90 y 87, respectivamente.
Alejandro es uno de los casi mil vecinos de Buenos
Aires que realizó el curso de entrenamiento para
familiares que cuidan a sus adultos mayores, un
emprendimiento gratuito del gobierno porteño que
este año comienza su segunda edición.
"Unas 600 mil personas, o sea, el 23% de la
población de Buenos Aires, tienen más de 60 años
-explica el doctor Daniel Maglioco, abogado a
cargo de la Dirección General de Tercera Edad del
gobierno porteño-. Nuestra idea es que los mayores
sigan viviendo en su casa el mayor tiempo posible.
Para eso contamos con los hogares de día, la
atención domiciliaria por auxiliares
gerontológicos y, desde 2002, este curso para
familiares de adultos mayores."
Maglioco agrega que estos cuidadores informales
reciben un curso de formación de seis encuentros
-sobre el que se da información por el (011)
4300-6785/9608-, en el marco del Programa Cuidando
a los que Cuidan. Si bien el curso está pensado
para familiares, también pueden acercarse amigos o
vecinos que cuiden a personas mayores.
"Desde hace 14 años -añade el director general de
Tercera Edad- tenemos un programa de formación de
asistentes gerontólogicos. Este programa beneficia
a unos mil mayores. El asistente lo ayuda en
distintos aspectos: higiene personal, ir de
compras, cobrar, pasear, escucharlo."
La idea de añadir un programa de cuidadores
informales surgió, según Maglioco, al notar que en
muchos casos el adulto mayor tenía algún familiar,
amigo o vecino que podía ayudarlo. "Cumplían un
rol similar al del asistente -dice el abogado-;
entonces pensamos en darles capacitación para que
pudieran responder con mayor seguridad frente a
distintas problemáticas y liberar a los asistentes
gerontológicos para que se ocuparan de aquellos
vecinos mayores que carecían de atención y
compañía."
Y nació Cuidando a los que Cuidan.
Por el bien de todos
"Mi abuela vive en el mismo edificio en que
vivimos mi mamá y yo -agrega Alejandro Sarquís-,
pero mi tía Matilde, que es mi madrina, vive a
unas diez cuadras. Mi mamá es quien más las
atiende, aunque tanto la tía como la abuela están
muy bien: viven y se movilizan solas, leen mucho.
Yo hice el curso porque quería ayudar a mi mamá y
mejorar mis conocimientos sobre psicología y
vínculos con la gente mayor, algo que me viene
bien en mi trabajo de gestoría."
Alejandro visita a su abuela todos los días y
también se hace un rato para pasar por la casa de
su madrina. "Conversamos, leemos; me gusta estar
con ellas", explica.
"La mayoría de nosotros tiene un gran
desconocimiento acerca de la vejez, y cuando nos
enfrentamos con esa situación, aunque la veamos en
otro, funciona como espejo", advierte la
licenciada en Trabajo Social Adriana Medina, del
equipo que dicta el curso.
Medina dice que las familias suelen carecer de un
diagnóstico médico apropiado de la persona mayor.
"Es frecuente que digan está aterosclerótico o
senil -comenta-; son palabras de uso popular que
designan dos cuestiones que no son equivalentes:
si bien con la edad aparecen, entre otras cosas,
problemas de memoria, envejecer no es sinónimo de
enfermarse."
Para Fabián Oliveira, psicólogo del equipo, si
bien es importante el aprendizaje de técnicas que
permitan trasladar a la persona "sin romperse la
espalda" o aprender a bañarlos si no pueden
movilizarse, el aspecto fundamental del curso está
destinado a que quienes los cuidan entiendan "por
qué y para qué lo hacen y aprendan a cuidarse a sí
mismos mientras realizan la tarea".
Medina y Oliveira coinciden en que la mayoría
comienza a hacer el curso porque está agotado: "El
cuidador sufre una demanda grande y eso satura.
Queremos evitar esa saturación para el bien del
cuidador y de la persona mayor, porque si no, aun
sin intención, puede recibir maltrato".
Para Norberto Badaracco, de 62 años, el curso
informal fue una decisión óptima. "Cuando se tiene
a un familiar enfermo, uno tiende a creer que es
el único en el mundo con ese problema
-reflexiona-. En el curso vemos que somos muchos."
Badaracco relata que su mamá, de 87 años, tiene
demencia senil.
"El curso me enseñó mucho -comenta-: básicamente a
delegar. Muchas veces creemos que sólo nosotros
podemos hacer las cosas bien. O nos hacemos daño
con las culpas, creyendo que si nos alejamos un
poco hacemos algo malo... Ahora vive conmigo un
hermano separado y puedo dejarlo a cargo de mamá y
vincularme con otros. En las reuniones de
capacitación, muchos, como yo, advertían que
habían dejado a su familiar para asistir a clase,
y no se habían dado cuenta..."