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Introducción
Numerosos estudios, señalan los autores,
demostraron la relación entre el nivel de
actividad y la sobrevida en personas mayores de 65
años. Según estas experiencias, la mayor sobrevida
es consecuencia del mejor estado cardiopulmonar
atribuible a la actividad física. Sin embargo,
consideran, el enfoque exclusivo dirigido al
entrenamiento físico opaca los beneficios
asociados con otros tipos de actividades que
pueden tener influencia positiva sobre la salud y
la sobrevida.
En la presente experiencia, los autores analizan
la relación entre la sobrevida en los mayores y 3
tipos de actividades: social, productiva y física.
El estudio reconoce la importancia del compromiso
social y de la actividad productiva como factores
fundamentales de un mejor envejecimiento.
Métodos
La muestra estuvo constituida por la población
participante del EPESE (Estudios
Epidemiológicos de los Ancianos). La
recolección de la información comenzó en 1982 y
fue repetida, anualmente, durante 13 años. La
cohorte final incluyó a 2 812 sujetos mayores de
65 años, con similares características
demográficas. La muerte, que fue la variable
principal, se analizó mediante los registros
hospitalarios, el contacto anual con los
participantes o sus parientes y el índice nacional
de mortalidad. En el análisis se incluyeron edad,
estado civil, educación y raza. Por otra parte, la
información concerniente a la participación en los
3 tipos de actividades se obtuvo durante una
entrevista estructurada efectuada en 1982. A los
participantes se les preguntó sobre la frecuencia
de realización de 14 actividades en el último mes.
Estas comprendieron la asistencia a la iglesia,
cine y teatro, viajes, la participación en juegos
de mesa, grupos sociales, deportes, caminatas y
ejercicios, la práctica de jardinería y compras y
la realización de trabajo voluntario o remunerado,
entre otras. Por último, los parámetros del estado
de salud derivaron de las patologías médicas
referidas por los participantes, del índice de
discapacidad funcional y del peso relativo.
Resultados
El nivel de actividad estuvo asociado, en cierta
medida, con otras covariables incluidas en el
modelo final: edad, discapacidad funcional, estado
civil y antecedentes de accidente cerebrovascular,
diabetes y cáncer. Los 3 tipos de actividades
estuvieron discretamente correlacionadas. El 62%
de la muestra falleció durante el seguimiento. Los
sujetos menos activos, social y deportivamente,
presentaron mayores probabilidades de fallecer que
aquellos más activos. Los análisis estadísticos,
que incluyeron factores como educación,
antecedentes de hipertensión, fractura de cadera,
angina, depresión, función cognoscitiva y cantidad
de entidades patológicas, mostraron que cada una
de las 3 actividades evaluadas estuvieron
asociadas con mayor sobrevida. Por otra parte,
mayor edad, sexo masculino, tabaquismo,
antecedentes de accidente cerebrovascular,
diabetes, infarto miocárdico, así como la
discapacidad funcional, se asociaron de manera
significativa con mayor mortalidad. Luego de
controlar otros factores asociados con la
sobrevida, la actividad social permaneció
significativamente relacionada con ésta. Las
actividades físicas también estuvieron asociadas
significativamente con la mortalidad en todos los
modelos estadísticos. Por último, las actividades
productivas fueron protectoras contra el riesgo de
mortalidad. Para evaluar la independencia del
efecto de las actividades no físicas, los autores
realizaron análisis adicionales evaluando el grado
de protección de éstas en relación con el nivel de
actividad física. Así, el efecto de la actividad
productiva fue menor entre los más activos en
términos de actividad física, mientras que los
efectos de las actividades sociales y productivas
sobre la mortalidad fueron más contundentes entre
los físicamente menos activos.
Discusión
El presente estudio analizó el impacto de
distintos tipos de actividades sobre el riesgo de
mortalidad en los mayores de 65 años. Las personas
más activas tuvieron menos riesgo de fallecer que
aquellas menos activas. Las actividades sociales y
productivas brindaron la misma sobrevida que la
actividad física. Los autores señalan la
importancia de este hallazgo, ya que demuestra que
las actividades que demandan poco o escaso
esfuerzo físico también contribuyen al bienestar
físico de esta población. Un amplio espectro de
mecanismos, fisiológicos y psicológicos, puede
estar involucrado en la asociación entre actividad
y mortalidad. Evidencias sustanciales indican que
los contactos sociales disminuyen los efectos
nocivos del estrés psicológico mediante el
incremento de la respuesta inmunológica celular y
humoral. En segundo lugar, las actividades
sociales y productivas comprenden el desempeño de
papeles sociales significativos. Estos papeles,
probablemente, tengan consecuencias más allá de
los beneficios sobre el estado físico. De esta
manera, dicen los autores, la realización de
actividades productivas y sociales tal vez den un
sentido y un propósito a la vida asociados con la
sobrevida. Por último, estas actividades
fortalecen las relaciones interpersonales así como
las normas de reciprocidad y dependencia.
Los autores demostraron los beneficios de
permanecer activo en la ancianidad y consideran
que el énfasis exclusivo sobre la actividad física
puede ser restrictivo. Los clínicos pueden sumar
nuevas herramientas de intervención mediante el
reconocimiento de los beneficios que brindan las
actividades sociales y productivas como
complemento del ejercicio. Por sí solas, este tipo
de actividades parece tener un efecto favorable
sobre la salud y calidad de vida de los mayores.
Sociedad Iberoamericana de Información
Científica
Redactor Ejecutivo : Dra. Judith Oxemberg
Fuente: Laboratorios Bagó
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