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Introducción
Debido a la elevada incidencia de morbilidad y
mortalidad como consecuencia de la artritis
bacteriana no diagnosticada, es importante que los
clínicos la consideren como una posible causa de
dolor articular agudo en los pacientes mayores. A
pesar de la rápida destrucción articular, refieren
los autores, el pronóstico de los episodios
tratados apropiadamente es favorable en la mayoría
de los casos. La artritis bacteriana es una
sinovitis aguda producida por bacterias vivas; el
agente, además de invadir la membrana sinivial
sobrevive a los mecanismos de defensa
inmunológicos articulares. También, las células
inflamatorias pueden degradar el cartílago a
través de la liberación de citoquinas.
Factores de riesgo
La causa más frecuente de este tipo de artritis es
la invasión de la membrana sinovial durante un
episodio de bacteriemia. El riesgo de infección
posterior a una cirugía o a la inyección
intraarticular existe en ancianos y en sujetos más
jóvenes. Un tercio de los pacientes con artritis
bacteriana cursa algún tipo de enfermedad
debilitante o está bajo tratamiento
inmunosupresivo. Además, la mayoría de las
personas con este tipo de artritis también tiene
algún factor local preexistente que hace más
susceptible a la articulación. En los adultos, el
factor puede ser una osteoartritis grave, el
empeoramiento agudo de una artritis reumatoidea,
la sinovitis traumática, la sinovitis iatrogénica
o la hemartrosis espontánea.
Diagnóstico
El diagnóstico de la artritis bacteriana se basa
en la identificación de la bacteria causante de la
infección en líquido sinovial. Por lo tanto, el
tratamiento empírico debe efectuarse con la
evidencia indirecta del laboratorio. Las
herramientas diagnósticas incluyen evaluación,
aspiración del líquido sinovial, exámenes de
laboratorio de rutina, cultivos y radiografías de
la articulación afectada. Con respecto al cuadro
clínico, los ancianos con artritis aguda presentan
un cuadro febril, inferior a los 38 °C.
Comúnmente, la rodilla es la articulación más
afectada tanto en las artritis bacterianas como en
las estériles. Por otra parte, no existe ninguna
prueba de laboratorio específica para esta
patología. El recuento de leucocitos, la velocidad
de sedimentación eritrocitaria y los niveles de la
proteína C reactiva pueden ser similares en
cualquier tipo de artritis aguda grave. Sin
embargo, en la artritis bacteriana, la proteína C
reactiva nunca es normal y aumenta rápidamente
durante los primeros días de infección a pesar del
tratamiento.
Tratamiento
El objetivo de la terapia es erradicar el agente
causal de la articulación afectada. Esto se
alcanza, en parte, por la administración de
antibióticos. No obstante, durante la inflamación,
la penetración de las drogas en la membrana
sinovial y cavidad articular puede verse
obstaculizada por la presencia de edema y pus. Por
lo tanto, el drenaje de la cavidad articular
mediante aspiración o debridación quirúrgica es
esencial. La terapia antimicrobiana debe iniciarse
ante la sospecha de infección articular, sin
esperar los resultados de los cultivos del líquido
sinovial. La selección del antibiótico inicial
debe dirigirse hacia los estafilococos, patógenos
más comunes, hallados en más del 50% de los
adultos. En algunos casos, el agente de elección
puede variar debido a la presencia de signos
indicativos de otros gérmenes etiológicos. Algunos
clínicos recomiendan la combinación de 2
antibióticos en el tratamiento empírico. La
administración se realiza por vía intravenosa
hasta que la evidencia clínica o de laboratorio
demuestren la recuperación. Los indicadores
incluyen reducción de los niveles de la proteína C
reactiva, de 3 a 4 días de iniciada la terapia,
alivio del dolor y del enrojecimiento alrededor de
la articulación o la reducción en la excreción de
material purulento. La antibioticoterapia debe ser
reevaluada y ajustada según los resultados del
laboratorio. Los agentes orales deben continuarse
durante varias semanas, hasta que las
articulaciones afectadas no duelan y puedan
sostener el peso del paciente y los parámetros de
infección hayan vuelto a los valores normales. Por
otra parte, hay que suspender la terapia
antibiótica luego de recibir resultados negativos
de los cultivos del líquido sinovial, a menos que
existan otras indicaciones de tratamiento. La
terapia innecesariamente prolongada es costosa y
expone a este grupo de enfermos a padecer
infecciones micóticas.
El propósito de otras intervenciones terapéuticas
es aliviar el dolor y proteger la articulación
para prevenir mayor daño. Los agentes
antiinflamatorios no esteroides son ampliamente
utilizados en este grupo de pacientes. La
analgesia permite el movimiento temprano de la
articulación inflamada, movilización que mejora la
nutrición del cartílago sinovial y resiste el
debilitamiento de los músculos que lo rodean.
Evolución
La interpretación de la evolución de la artritis
bacteriana debe considerar ciertos factores
fundamentales que, a veces, dificultan la
estimación pronóstica en determinados pacientes.
En primer lugar, el ejercicio y el uso de la
articulación afectada está restringido en algunos
ancianos. Esto puede conducir a atrofia muscular y
mayor daño articular. En segundo término, existen
informes de casos fatales en pacientes sumamente
enfermos y debilitados con una infección terminal.
Para finalizar, el curso natural de la
osteoartritis es multifactorial e incluye la
predisposición genética. La predisposición puede
ser una escasa resistencia del cartílago, con poca
capacidad de recuperación luego de la degeneración
de cualquier tipo. Por lo tanto, un episodio de
artritis bacteriana grave puede llevar a
osteoartritis secundaria en ciertos pacientes
predispuestos.
Los ancianos por lo general presentan enfermedades
asociadas que pueden complicar el tratamiento y la
recuperación de esta patología articular. Sin
embargo, si es tratada de manera apropiada, cerca
del 50% de los afectados se recupera sin
desarrollo de osteoartritis secundaria.
Sociedad Iberoamericana de Información Científica
Redactor Ejecutivo : Dra. Judith Oxemberg
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