Las mayores expectativas de vida han provocado que
ciertos procesos cancerosos como los linfomas y
algunos localizados en el sistema nervioso central
(SNC) estén aumentando de forma significativa. Los
ancianos son el grupo de población que mayores
tasas de cáncer presenta, pero existen terapias
efectivas.
Las dos terceras partes de los cánceres que se
contabilizan se producen en pacientes de más de 65
años y, por encima de los 75 años, el 30 por
ciento de todos los tumores, lo que pone de
manifiesto que se trata de una patología con una
importante presencia en este grupo de población.
Los más frecuentes en el
anciano son, además del de próstata en el varón,
el cáncer de mama, colon y pulmón, procesos que
también son los más comunes en personas más
jóvenes. "Pero, específicamente, los tumores que
están experimentando un aumento creciente en el
anciano son los del sistema nervioso central (SNC)
y los linfomas", ha explicado a DM Gumersindo
Pérez Manga, jefe del Servicio de Oncología del
Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, y
coordinador científico del II Simposio
Internacional de Cáncer en el Anciano, que se ha
celebrado en Madrid.
Diagnóstico tardío
No obstante, ha reconocido que,
aunque los tumores del SNC están creciendo
significativamente, sobre todo los astrocitomas,
suponen un número pequeño en comparación con otro
tipo de cánceres que aparecen con mucha frecuencia
en los ancianos. La expectativa de vida es,
probablemente, la causa que justifica este
aumento. "Aunque habría que valorar otros
factores, vivir más años es el elemento clave".
Para el oncólogo, en el anciano
suelen aglutinarse ciertas peculiaridades que
dificultan, fundamentalmente, el diagnóstico de la
enfermedad tumoral. "En el anciano es muy
frecuente llegar a diagnósticos tardíos por sus
propias características. No hay que olvidar que se
trata de personas que, además de tener
dificultades para ir a las consultas, presentan
patologías asociadas que pueden confundir o
enmascarar síntomas evidentes de un proceso
neoplásico. El gran problema es, lógicamente, que
cuanto más tarde se lleve a cabo el diagnóstico,
peores resultados terapéuticos se obtienen".
De esta forma, los oncólogos
han recalcado la necesidad de que se valore al
anciano en su globalidad y que se le enseñe a
prestar más atención a su salud para que no
interprete todas sus dolencias como síntomas
secundarios a su edad. "Por ejemplo, las campañas
de diagnóstico precoz del cáncer de mama, al igual
que las ginecológicas, no han calado en las
mujeres de edad avanzada, cuando es precisamente a
partir de los 75 años donde se registran las
mayores tasas de afectación". Se calcula que a los
80 años cuatrocientas de cada cien mil mujeres
desarrollarán un cáncer de mama al año, diez más
de lo que ocurre en mujeres de menos de 50 años.
Terapias eficaces
Pérez Manga ha insistido en
que, a pesar de que en el anciano confluyen
dificultades muy específicas para instalar los
tratamientos, una de las conclusiones a las que
han llegado los especialistas es que la edad es un
problema secundario, ya que edad biológica y edad
cronológica no tienen por qué coincidir. "Si el
estado general del paciente es óptimo, no hay
motivos para suspender el tratamiento, ya que éste
puede llevarse a cabo con la misma eficacia,
seguridad y toxicidad que en otros grupos de
población". Lo habitual es que en el primer ciclo
de tratamiento se utilicen dosis más bajas para
probar tolerancia, pero, una vez comprobadas
tolerancia y eficacia, se pasa a las dosis
estándar con las limitaciones que tendría otro
adulto joven enfermo. El especialista ha hecho una
llamada de atención "para que se tenga en cuenta
la edad biológica más que la cronológica, para
optimizar todos los tratamiento y, sobre todo,
para que se diseñen ensayos clínicos específicos
para el anciano, ya que este grupo de población se
excluye sistemáticamente. Sin embargo, ya han
empezado estudios, algunas españoles, en cánceres
tan comunes como el de mama y colon".