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Bloqueo de la arteria pulmonar por
material extraño, como grasa, aire, un
tumor tisular o un trombo, que
generalmente proviene de una vena
periférica. Los factores
predisponentes son el estado de
hipercoagulabilidad, la lesión de la
pared vascular y la inactividad o
inmovilización, especialmente en
relación con el parto,
la insuficiencia cardíaca congestiva,
la policetemia vera o las
intervenciones quirúrgicas. La embolia
pulmonar es difícil de distinguir del
infarto de miocardio y la neumonía. Se
caracteriza por disnea, dolor torácico
brusco, shock y cianosis. El infarto
pulmonar, que se produce entre las 6 y
las 24 horas siguientes a la formación
del émbolo pulmonar, se distingue por
presentar derrame pleural, hemóptisis,
leucocitosis, fiebre, taquicardia y
arritmias auriculares, así como
una intensa ingurgitación de las venas
cervicales. El análisis de los gases
sanguíneos revela una hipoxia arterial
y una disminución de la tensión
arterial de dióxido de carbono. La
embolia pulmonar se detecta mediante
radiología, angiografía pulmonar y
tomografías de los campos pulmonares.
Dos tercios de los enfermos con
embolia pulmonar masiva mueren en un
período de dos horas. Las medidas
iniciales de resucitación son el
masaje cardíaco externo, la
administración de oxígeno y fármacos
vasopresores, la embolectomía y la
corrección de la acidosis.
La formación de otros émbolos se evita
con el empleo de anticoagulantes y,
algunas veces, con la utilización de
la estreptoquinasa o la uroquinasa. La
deambulación, el ejercicio y la
estimulación eléctrica de los músculos
de la pantorrilla también son medidas
recomendables. |